latecleadera

lunes, 17 de septiembre de 2018

Día uno. no procrastinaras.

foto cortesía Edwin Tamayo



Llevo tiempo sin escribir en el blog,  tal vez porque me he vuelto demasiado minucioso con lo que decido subir, tal vez porque lo que me parece fabuloso en la noche al salir el sol me resulta absurdo,  tal vez porque el tiempo no me alcanza, tal vez porque doy más pinceladas que párrafos, tal vez porque soy un procrastinador ferviente.

Por ello y tomando el ejemplo del hijo de una antigua amiga de colegio,  que por razones que desconozco y que poco me importa conocer,  ha decidido todos los días durante un año subir a su canal de YouTube un poema.   Sin lugar a dudas un verdadero enamorado de la poesía, que tan buen o mal poeta sea  queda a decisión de su público, pero sin lugar a dudas un acto de admirable compromiso y pasión por lo que desea;   debe ser esa fe y esperanza en la humanidad que aún se conserva en los años de juventud.  

aquí el enlace para los interesados en su poesía

Como yo ni soy buen poeta,  ni guardo ningún tipo de fe en la humanidad,  he decidido subir solo una entrada diaria al blog durante un mes,  creo que más como reprimenda y compromiso ante tantos días de vehemente pereza intelectual.

El problema con estos retos literarios es que hay días en los cuales la mente esta en blanco,  no estoy muy seguro si hoy es uno de esos,   por ello, y ante las dudas me limitaré a realizar un mini diario de acuerdo a las horas canónicas…veamos que tal me va.

Maitines:  durmiendo interrumpidamente,  tirado en un sofá en posición fetal,  que según me comentaron unas instrumentadoras que a esas horas pasaban, despertaron en ellas ese instinto maternal  propio de las mujeres con hijos; de esa hora solo recuerdo el sonido de  puertas cerrándose ruidosamente,  bombillas encendiéndose y apagándose a cada rato y una cafetera burbujeante y molesta; lejos un par de señoras del aseo hablan sobre la necesidad de mantener firme la fe en Cristo en el diario vivir…es casi como una pesadilla.



Laudes: suponiendo que el sol apareciese en el horizonte a las 6 am,  a esa hora fuera de los muros de la clínica la lluvia arrullaba todas esas almas impúdicas que horas antes habían fornicado hasta el cansancio.  Yo mientras tanto leía el tercer capítulo de un libro sobre santería, en este se explicaba el mecanismo mediante el cual los babalaos realizan sus distintos conjuros.

Prima: ya en casa, luego de desayunar y en espera que el sueño me venciera me limitaba a descargar música para la memoria USB del radio del carro,  victorioso pude descargar tres álbumes de Porter y algunas canciones de Juan son.

Tercia: durmiendo plácidamente en la cama de mi hijo,  sé que tuve un buen sueño, de que trataba no lo sé,  la información de lo soñado parece ser que no utilizó las vías que pasan por la amígdala, es probable que nunca lo recuerde, o tal vez lo haga el día que se active alguna vía neuronal alterna, de esas que siempre guardan todo.

Sexta: junto a mi esposa y mi hijo menor en una carretera con poco tráfico, un precioso día para viajar

Nona: bajo la sombra del samán octogenario,  cigarras escandalosas cantaban en arboles menos transitados aprovechando el inusual silencio de un pueblo en una tarde de domingo.



Vísperas: estamos en la vieja casa,  veo en lo alto de un firmamento que a cada minuto se limpia de nubes  la conjunción de varios planetas y  la luna,  sobre el techo venus parece descansar mientras las ramas de los árboles del jardín juegan con sus destellos.



Completas: todos duermen,  incluida la perra que está bajo la mesa y los cachorros que se encuentran en el patio,  yo estoy sentado en la silla de siempre, mirando las paredes de la casa, escuchando a Queen y preguntándome ¿Qué he de escribir?


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