latecleadera

martes, 20 de octubre de 2020

No tiempo

 



No midamos la vida según el numero de años o días que caben en el breve espacio de tiempo comprendido entre el deseo furtivo de nuestros padres y la agonía de la última bacteria sobre nuestros huesos.

Nuestra existencia se mide en atardeceres, en todos y cada uno de los atardeceres que podamos recordar:

Aquellos de las épocas de verano e incendios en lontananza,

el atardecer de los tiempos de bruma asfixiante,

de invierno torrencial y nubes profetas de tormentas.

La vida vale el peso del polvo de cada estrella fugaz que en algún momento alcanzamos a vislumbrar,

se calcula según la familiaridad con las constelaciones

y en la justa medida que marca el compás del aleteo de las aves nocturnas con cada latido cardiaco.

La vida es reconocer el canto del pájaro que da bienvenida al amanecer

La vida es respirar el aire frio que se levanta de los pastizales y bosques cuando las cigarras entonan su última melodía.

La vida se mide según la profundidad de las arrugas que surcan el rostro

Según la palidez del cabello o su impropia existencia.

La vida se cuenta según las veces que pensamos en la muerte

Según el cálculo algebraico de los instantes que hemos creído entenderla

Y según la relación algorítmica de lo poco que la deseamos, así la esperemos con ansia en todo momento.


 

No más calendarios

No más manecillas del reloj

No más cercos

Ni mapas

No más humanidad.