latecleadera

jueves, 30 de octubre de 2014

Me cagaron el dia de las brujas



Tuve mi infancia en los aciagos años 80s, con mi peso rozando peligrosamente la línea del percentil más bajo del carné de crecimiento y desarrollo, y que gracias a la bienestarina nunca pasó de allí (la misma con la que ahora engordan los marranos) la  que sabe a pobreza y miseria según el catador de vinos de la revista SOHO. usando la ropa heredada de mis tíos, con dos o tres  remiendos, los zapatos casi rotos en la punta, un trompo y algunas bolas de cristal en los bolsillos y la medallita de la inmaculada concepción debidamente amarrada en mi cuello con una piola.  En resumidas cuentas un niño más de  pueblo.  Inolvidables y felices tiempos.  Y en aquel calendario que regía mi vida;  el cual iniciaba con las fiestas de año nuevo, pasando por la entrada a la escuela, la semana santa, las ferias del pueblo, el san pedro y por último la navidad, había un día que se colaba entre todos esos ilustres acontecimientos y cobraba singular importancia.  El 31 de octubre, el día de las brujas. 


En los días previos, las tiendas se llenaban de trajes y máscaras,  nosotros, simples mocosos que salían de clases, con la mirada perdida en los estantes, soñábamos con aquellos disfraces de personajes de la tv.  Yo sabía de antemano cual sería el mío, la eterna mascara del chapulín colorado, que año tras año me regalaban mis tíos abuelos;  inusualmente enorme para mi pequeña cabeza, con sus dos antenitas de vinil que rápidamente se perdían y ajustada fuertemente con un peligroso caucho que servía de resortera cuando  todo terminaba.   Ese día salíamos a la calle  portando solo esa careta de plástico tieso y frágil, en ocasiones levantando un poco la cabeza para ver por donde caminábamos y en otras  quitándola completamente para poder respirar  cuando el calor sofocaba.  Solo los niños de las familias pudientes salían con su traje completo, pero eso no nos importaba, lejos de envidiarlos, los admirábamos,  era grato estar en compañía de Mazinger Z, un Cantinflas improvisado, la máscara del chapulín colorado (yo) y un hombre lobo (la máscara claro está).  Se pedían dulces, muchos  viejos tenderos solo se dignaban a tirar mentas a la horda infantil, como quien tira maíz a las palomas; pero entre toda aquella algarabía y desorden se pasaba de lo mejor.  A quien le importaban los dulces si había la opción de corretear por las calles tratando de ser uno de los tantos superhéroes que salían en los muñequitos de la tv los sábados en la mañana.

miércoles, 22 de octubre de 2014

¿ Tres dias de oscuridad?



Ojeando los artículos de un reconocido diario de la región, para ser más exactos diré que ojeando los artículos del diario del Huila, un titular llamo mi atención  y al leer su contenido un escalofrió me recorrió de la cabeza a los pies.  Según la nota, el próximo 21 de diciembre un extraño fenómeno cósmico daría lugar a tres días de oscuridad,  así como lo oyen, tres largos días de oscuridad, que como los tres tristes tigres, nos pondría a comer trigo por tres tristes días (o noches en este caso).  Quede aterrado, no por el contenido de la noticia, pues esta era una completa pamplinada, quede aterrado por el hecho de ver como una mentira infantil puede calar tan profundo, a tal punto que aparezca como una nota cualquiera, con el mismo grado de relevancia que la noticia del desfalco al erario público de otro político más, el  asesinato de cualquier ciudadano de bien o la nueva carga tributaria impuesta por el gobierno.  Y lo que resultaba más chocante era el hecho,  por parte del periodista, de dar por sentado dicho fenómeno escudándose  en supuestos fundamentos científicos y académicos  y dando una voz de calma  ante dicho suceso;  al final solo serían tres días de oscuridad sin mayor trascendencia. 

Al leer eso varias ideas me llegaron a la cabeza. 

domingo, 12 de octubre de 2014

Esos muñequitos de yupi y chitos...para coleccionistas



Aunque no  parezca, tengo poco tiempo libre, y el poco que tengo lo utilizo en actividades tan fructíferas, rentables y edificantes como esta. Por alguna razón, la primera entrada que escribí (esos muñequitos de yupi y chitos) es la más  visitada, y por la cual de vez en cuando recibo correos solicitando información sobre compra, venta o cambalache de dichas figuritas. Qué curioso, en ella no gaste más de 15 minutos redactándola y unos 10 buscando las fotografías (a diferencia de los “ladrillos”  de “diablo” en sus tres partes,  en los cuales demore  cerca de una semana y varias trasnochas dándole vueltas al asunto), pero lo que más me molesta de todo, es que a cada pregunta que me formulaban sobre los muñequitos no tenía respuesta.  Un viernes en la noche, cuando la gran mayoría de gente normal estaría disfrutando de un buen vaso de cerveza, yo, sentado en una silla frente al computador me devanaba los sesos estrujando esas neuronas esquivas que guardan los recuerdos, tratando de traer a la memoria exactamente cuántos muñequitos había tenido en mi niñez;  hay algunos inolvidables como el ñoño rojo con los brazos abiertos que fue el primero que tuve, o el chapatin rosado que me salió un sábado en la mañana cuando destapaba la bolsa de chitos (¿o yupis?) y por el cual di tremendo salto de alegría, pues era el único que me falta del chavo; están los del lobo feroz y algunos enanos de blanca nieves, producto del robo de unas cuantas monedas de la caja donde se guardaba el dinero producto de la venta de leche, y por el cual, días después al ser descubierto recibiría un buen castigo; el príncipe azul que termino quemado con fósforos por ser “muy lindo”, o los thundercats  que me regalo David al ver mi cara de decepción al ser  el único al cual no le había salido ese bendito letrero de sorpresa en el paquete.  En fin, no sé si solo me ocurrió a mí, o si existirán más contemporáneos con desordenes psiquiátricos, que a cada figurita de plástico le fuimos dando cierta personalidad, ciertas características únicas que las convirtieron en piezas claves de las historias de nuestra niñez, dejaban de ser simples juguetes para convertirse en verdaderos héroes y villanos de los diferentes escenarios en los cuales se desarrollaba ese mundo alterno de la infancia, el sagrado momento de jugar.

lunes, 6 de octubre de 2014

Bochica S.A.S contra Jesucristo Inc.Corporate



Hace unos días cumplí años, y fue grato ver en el muro del Facebook como algunos de mis amigos me felicitaban y me auguraban bendiciones por parte de Bochica.  Pero lo más curioso  fue ver como algunos compañeros de trabajo me preguntaban en tono sincero: “hombre polo ¿Quién es Bochica?” o “¿qué es eso de buchico?” o “¿eso como que es un mito?”

¡Por las ricitos del divino niño! Como puede estar pasando esto en este país mestizo del sacrosanto corazón de Jesús.

Respirando hondo y en tono conciliador respondí que Bochica era algo así como el Jesucristo criollo y todos soltaron una carcajada (incluyéndome) pero… ¿Por qué habría de estar equivocado?