latecleadera

viernes, 30 de mayo de 2014

San agustin entre charlatanes, mercachifles y marcianos





He visitado  san Agustín muy a mi pesar, en solo dos ocasiones;  la primera, en el colegio cuando cursaba noveno, en bus mochilero y vomitando hasta los hígados,  tanto de ida como de venida.

 -Eso se le va quitando a medida que crezca-

Dijo el doctor a mi tía cuando le consultó mi problema de ver un carro y ya estar mareado con una bolsita negra en la boca. Y en efecto, el sabio galeno tenía razón.  La segunda visita fue en el 2012, en vísperas del fin del mundo, tal como lo profetizaban los mayas, pero en esta ocasión,  de conductor y acompañado de mi esposa y mi hijo.

Siempre me ha gustado el sur del Huila: sus poblaciones desprenden cierto aire colonial, sus paisajes repletos de árboles con salvajinas ondulantes, su historia de orgullo y resistencia.  Y al sur, al sur, al sur como la canción, San Agustín.

Fue un viaje relámpago, planeado 24 horas antes para que nada lo cancelara, con aguacero a la salida de Neiva, desayuno de pandeyuca y avena en Gigante, la foto obligada en la ceiba de la independencia, compra de achiras en Altamira, foto con la gaitana en Timana, almuerzo en la casa de un tío en Pitalito y desembarco victorioso a las 2 de la tarde en la plaza de San Agustín. Y aquí es donde empieza todo… no reservé hotel ni nada por el estilo, llegué al pueblo, asomé la cabeza por la ventana, saqué la lengua y dejé que el viento jugara con mis orejas, luego busqué un hotel donde quedarme; los recuerdos que tenía eran vagos,  habían pasado más de 15 años desde la última vez, por suerte el poblado es pequeño;  lo recorrí lo mejor que pude y no encontré algo que me gustara.  Mi esposa me recordó que a la entrada un guía había levantado la mano al ver mi cara de despistado y yo, orgulloso y altanero me había hecho el de la vista gorda y había seguido derecho.  De modo que como las animas,  recogí mis pasos y regresé. Allí un hombre cincuentón y bonachón, de sonrisa sempiterna en su rostro indígena y portando orgulloso una chaqueta y un carné que lo acreditaba como guía turístico me llevó al hotel que, me imagino,  tenía acordado con el dueño  a las afueras del pueblo, algo modesto  pero agradable, y me enseñó el itinerario del día.  Esa tarde fuimos al parque arqueológico y al bosque de las estatuas, el museo por desgracia estaba cerrado por remodelación. Y junto a Pedro (por ponerle nombre pues no lo recuerdo) empezamos el recorrido. Aquí es donde respiro profundo y suelto mi indignación.  

La cultura de San Agustín es considerada una de las más importantes culturas indígenas de Colombia, abarca un extenso periodo de tiempo, desde los primeros indicios de uso de herramientas  cerca del  año 3000 AC, su edad de oro entre los  años  50 y 700 DC hasta su progresiva desaparición entre el 800 y el 1500. Dejaron un legado lítico y escultural simplemente abrumador, una cosmovisión y cosmogonía aún en fase de estudio, su herencia es algo que  identifica sobre muchas cosas al pueblo opita.  Y yo estaba allí, al lado del guía que aclararía todas esas dudas que llevaba encima por años, cuando junto a cada estatua, con su risa bonachona, me explicaba con la misma complejidad y profundidad de mis maestras de escuela (sin ofenderles en lo más mínimo) me votaba datos erróneos, comparaciones  traídas de los cabellos y en algunos instantes dejaba escapar algunos tópicos muy new age. Al final decidí no  pervertir mis ínfimos conocimientos arqueológicos con tanta charlatanería y me adelante con mi hijo que la estaba pasando de mil maravillas tomándose fotos con cuanta piedra veía en el camino.
Pero la tapa de todo llegó  cuando entre charla y charla con mi esposa terminó ofreciéndonos dos figuritas de oro producto de la guaquería, que curiosamente él como guía turístico y vigía del patrimonio arqueológico estaba promoviendo.  Durante un buen tramo nos habló sobre esta bella labor, sobre la fortuna que significaba encontrar un entierro, sacar sus reliquias y venderlas al mejor postor, nos comentó casos de éxito en ventas y por si acaso nos dejó la  puerta abierta en caso de requerir en algún momento alguna  antigüedad - porque aquí estamos para servirle.-


El día siguiente no fue diferente, esta vez el recorrido fue a caballo y con un guía un poco más serio, que nos explicó lo poco explorada que se encuentra la zona.

 -todas estas montañas están llenas de tumbas – me dijo,

-es más , aquí sobre el terreno en el que estamos parados hay una-

¿Y por qué no la excavan, por que no la estudian? Pregunte extrañado.  

-La gente no quiere, el gobierno tampoco, no hay plata para eso.-

 Este al menos tenía algo de inconformismo por el abandono, pero como el anterior exaltaba la labor del guaquero, desconocía gran parte de la historia de aquel pueblo, era como hablar con un abuelo sobre espantos e indios, no con un guía avalado por las autoridades, y como dato curioso y para cerrar mis interrogatorios, le pregunté en un museo campestre rodeado de cartas de tarot, esencias e imágenes de la cultura egipcia y azteca (¿?) 

- ¿estas cerámicas de aquí más o menos que antigüedad tienen? ¿A qué época corresponden?  Me miro de soslayo y me respondió:

-esas vasijas son viejas…muy viejas.                                                                 

Al día de hoy desconozco si el parque arqueológico de san Agustín solo es un sitio para ir de paseo, tomar la foto obligada al lado de tal o cual estatua, fumar marihuana al gusto y montar a caballo disfrutando el paisaje,  o si es, aparte de todo esto, un sitio serio de estudio e investigación.  Uno de los lugares emblemáticos de nuestra cultura en manos de mercachifles y palabreros. Qué podremos esperar  allí si sus propios habitantes, los descendientes de los escultores y alfareros olvidan su pasado y venden su memoria al mejor postor como prostitutas de mala muerte.

Ese fue el lunar del viaje, quisiera creer que todas esas figuritas de oro y de piedra que circulan en el mercado negro son solo falsificaciones en busca de ingenuos, y que los verdaderos tesoros están aún ocultos (como lo comentaba el segundo guía) a la espera de mentes brillantes.

El resto fue agradable, en sus restaurantes me sentí como un rey y la comida fue exquisita, había hoteles y cabañas para todos los gustos, la fiesta nocturna prometía mucho (pero con un niño de 6 años poco se puede parrandear)  sus gentes amables, caballos de paciencia infinita, escenarios de naturaleza sublime.  A san Agustín he ido dos veces y no veo la hora de ir unas cuantas más, pero esta vez sin la compañía de un guía.


¿Y los marcianos donde quedaron???  Quedaron en el pasado, cuando estos,  luego de alcanzar la plenitud de su civilización viajaron a la tierra y se cruzaron con los homínidos de aquellos remotos tiempos, eso antes (¿o después?) que cayera la segunda luna que teníamos,  que luego de chocar contra la tierra  formaría el continente de lemuria y la Atlántida.  Está escrito en las piedras, está plasmado en el lavapatas, allí se puede ver la evolución desde marcianos a simios luego a simios marcianos, luego a humanos con poquito rabo, luego a humanos más marcianos  que simios y por ultimo a nosotros tal como estamos hoy.  Eso es lo que dice este autor huilense  a mucho honor, Elias Falla Duque,  que al mejor estilo de Erik von daniken postuló su propia teoría de alienígenas ancestrales. Si lo que escribió lo hizo en serio o en broma, no estoy seguro, solo sé  que un  día vi sus otros dos libros y me dio “cosita” comprarlos.  Pero soy un hombre valiente y sé que los leeré.

nota del 2015

leí los libros...y lo que escribió no lo escribió en broma,   su ultimo desvarío fue considerar que una de las esculturas representa   un implante craneal cuya función es alterar las ondas cerebrales  para bloquear el instinto animal y abrir los canales akasicos...  y lo peor es que muchos  se creen este cuento.

miércoles, 28 de mayo de 2014

El dia que Linterna Verde salió del closet




Cierto día llegó un compañero al trabajo con un gorro quirúrgico con dibujos estampados de un conocido súper héroe del mundo DC;   Era linterna verde. El cotilleo de algunos (incluyéndome) no dejó de inquietarlo, días después reapareció con un nuevo gorro, pero  con dibujos de Superman.
¿Qué fue lo que causo tan repentino cambio en la moda quirúrgica?  Entremos un poco en contexto.
En el año 2012 por motivos que desconozco la DC  comics al son de trompetas, flautas y marimondas proclamó a los cinco vientos que uno de sus personajes principales había decidido cambiar de preferencia sexual.  El archiconocido y poco valorado linterna verde había tomado la decisión, después de viejo como en muchos casos, que lo suyo no eran las mujeres de piernas largas, derrier (¿se escribe así?? ¿O mejor le decimos culo?) Redondito, pelvis ginecoide, pechos altaneros y rostros de formas finas,  si no el mero mero macho, con aroma a sudor rancio, pelo en pecho, pistola encintada, barba tipo lija y sombrero de mariachi. En los días siguientes al anuncio en varias regiones del planeta se levantaron voces de protesta, grupos de ultraderecha saquearon y quemaron varias salas de belleza, guerrillas suramericanas fusilaron a varios de sus integrantes al ser descubiertos utilizando EGO champú contra la caspa, en Corea del norte los misiles nucleares fueron reforzados con dos libras más de plutonio enriquecido y el vaticano promulgó una bula donde condenaba el hecho, la “lucernea viridis nec molliculi”.   Por suerte en el barrio donde vivo lo más sobresaliente fue el estornudo de un perro callejero.

¿Pero que fue lo que pasó? 

Retomando la historia de linterna verde, sabemos que esté más que un nombre o personaje como tal es un título que se les da a un grupo de guardianes galácticos, algo así como la SIJIN y el ESMAD combinados. En la tierra este título ha sido portado por  seis o siete individuos, siendo los más representativos Alan Scott y Hal Jordan, este último el más importante y poderoso de todos a tal punto que por puro y físico amor  asesinó a unos cuantos “parceros” verdes, destruyó la batería de poder central (la que les votaba corriente a todas las linternas verdes y sus anillos de poder) reinició el universo conocido, se transformó en una cosa  súper híper poderosa llamada Parallax;  a veces bueno, a veces malo.  Sacrificó su vida cuando el sol se apagó ofreciéndose como combustible (algo  semejante a  unas cuantas trillonadas de trillonadas de trillonadas de toneladas de hidrogeno)  y aun así el verriondo siguió andando como un espíritu llamado Espectro, la personificación universal de la venganza.  Al final se encontró con el padre chucho cuando este aún era seminarista, confesó sus pecados, rezó dos padrenuestros y cinco avemarías y todo quedó perdonado, retomó su cuerpo mortal y siguió su vida como cualquier buen ciudadano.


El del rollo fue Alan Scott el primer linterna, esté, luego de ser linterna verde se casó con otra mohacha me imagino que súper heroína (nada que ver con psicofármacos) tuvo dos hijos;  Jade y Obsidian, este último si gay declarado.  Pero como comentaba,  Alan después de no sé cuántos años de vida de pensionado, decidió renacer de nuevo con bríos juveniles y en este caso, como todo buen linterna verde, alterando un poco el entramado del espacio tiempo regresó en una historia en donde  ya no va en compañía de su novia en aquel viaje que lo entronizaría como guardián galáctico, si no que va en compañía de su novio, que al final muere en un accidente de tren.

Vida trágica la de estos héroes, y pues diré que los prefiero así, soy un hombre enchapado a la antigua, a mí me gustan los superhéroes que cuando no están salvando vidas, finiquitando guerras, evitando invasiones extraterrestres y más, están en su guarida, atentos, expectantes a cualquier llamado de auxilio.  Eso de la vida familiar no es para ellos, eso de los problemas de pareja bien sea hombre con mujer, mujer con hombre, hombre con hombre, mujer con mujer y viceversa no les combina.  No me cabe en la cabeza ver a Superman yendo a la tienda a traer el chocolate para el desayuno o a Batman preocupado por la cita en la EPS, o a Thor dando explicaciones de por qué llegó  tarde un viernes en la noche y mucho menos a linterna verde reclamando a su pareja por utilizar sus calzoncillos.

Al Cesar lo que es del Cesar y a los superhéroes lo que es de superhéroes.

martes, 27 de mayo de 2014

Es domingo, el dia de LOS MONOS



Hay algunos domingos en los que tengo que levantarme temprano (eso de las 6:30 o 7:00) para ir a trabajar (otra de las tantas razones por las cuales iré a parar al infierno, no respetar los días de descanso) y mientras pesaroso llego a mi destino, aprovecho alguna parada de semáforo para comprar los diarios disponibles.  Donde vivo circulan los dos principales a nivel nacional: "el tiempo" y "el espectador" dos regionales principales; "el diario del Huila" y "la nación", y otros que están dando la batalla como "opanoticias" y "el extra".  Trato de evitar algunos temiendo que al tomarlos se les caiga un hígado o un fémur de tanto cadáver y herido plasmado en sus hojas; un escalofrío recorre mi espalda cuando veo sus titulares en fuente 85 y rojos como labial de prostituta pregonando a los cuatro vientos los últimos asaltos, las ultimas bandas delincuenciales desmanteladas, las ultimas “riñas” entre compadres y comadres  y una que otra violación.  ¿En dónde diablos vivo? me pregunto, respiro profundo y recuerdo que somos uno de los países más felices del planeta.

Pero volviendo al tema, uno de los motivos por los cuales me compro los 8 kilos de periódicos es  la infundada esperanza de abrir alguno de ellos y ver caer  un pequeño cuadernillo de vivos colores. La sección de comics que todo buen y respetable diario debería tener. El tiempo y el espectador limitan el espacio a las historietas y de paso a todos los niños (los niños de verdad y los niños ya grandecitos) a una sola página,  tratando  compactar todo en un rinconcito, evitando que esos monigotes le quiten dos o tres centímetros al crucigrama o al sudoku. Los regionales traen dos cartillas que más que secciones de historietas solo son los primeros pasos de las páginas sociales diseñadas para niños. Los últimos traen una vieja buenona mostrando las tetas o la publicidad de algún brujo.

Nunca supe en que momento el comic y la historieta quedaron tendidos  y moribundos para los diarios nacionales, un arte (así algunos lo nieguen) que marcó la forma de pensar de muchos a lo largo de este siglo y el siglo pasado, que hoy renace en películas de alto presupuesto en las salas de cine.


Durante la década del ochenta y los noventas y creo que algunos días del dos mil, el espectador traía un suplemento dominical, dedicado exclusivamente a los niños, la revista LOS MONOS, ricamente ilustrada, sobriamente diseñada, que entre datos curiosos, juegos mentales, reseñas de manualidades y una última página que  ofrecía cursos desde detectivismo hasta hipnotismo, nos deleitaba con las historietas de todo el mundo y todas las épocas, allí conocimos los picapiedra, Pillin y Donald, Ferdinand, Beto el recluta, don Abundio, el gafe gafado, Pomponio, Gardfield y productos nacionales tan destacables como el café y las esmeraldas como los marcianitos, tukano, los cuidapalos y otro montón de personajes que en este momento se escapan de mi memoria.  Era un espacio de diversión y cultura, algo que la niñez y la juventudez, y la adultez y la vejenez siempre han pedido a gritos.  Luz al fondo del túnel para aquellos genios con lápiz y papel que perdían horas creando dibujitos con el anhelo de verlos circulando por todo el mundo y periodistas potenciales como los reporteritos.


Según algunos eruditos "los monos" empezaron a circular en el año 1981 y desaparecieron en el 2000 0 2001, aunque yo podría jurar que en algún momento tuve en mi poder una revista de 1978, con Pomponio somnoliento junto al árbol de navidad mientras una de sus hijas jugaba dichosa con sus nuevos patines, era una revista vieja, enseñaba los pasos de un ritmo hoy desaparecido pero que por el pantalón bota campana y el afro del modelo, era bien setentero.  Tuve una buena colección que leía y releía pero que fue desapareciendo con cada año de escuela de mis hermanos, que las encontraron muy prácticas para sacar recortes para las tareas.  Al final solo escaparon del magnicidio unas diez, con rayones, apuntes, hojas sueltas y  recortadas en el mejor de los casos y otras sencillamente incompletas, cual pergaminos egipcios o códices mayas.


Si  me gano el baloto, lo primero que haré es buscar por cielo y tierra los cientos de números que deben estar rodando por todo el país, o en su defecto, contratar a todo el equipo editorial del espectador de aquellos años junto con Jorge peña, Clara Helena Cano y Efraín Monroy so pena de excomunión,  producir nuevamente una a una cada una de sus revistas. 

Mientras, esperar un golpe de suerte y encontrar algún ejemplar en el fondo de alguna caja en algún cuarto de san alejo.

domingo, 25 de mayo de 2014

El rey mono, un milenario super héroe



Hay un libro que siempre he querido leer, y no lo he hecho, no por no tenerlo  disponible, en la internet es fácil encontrarlo,  sino porque he querido tenerlo en mis manos y disfrutar cada una de sus páginas,  ojala ricamente ilustradas.  Solo he visto un ejemplar de él,  cuando era niño y en uno de los trasteos de una inquilina de la casa, mientras ordenaba sus cosas, sobre una mesa  estaba aquel voluminoso ejemplar de pasta dura caratula blanca y ricamente ilustrado con acuarelas y tinta china,  no presté atención  al título, solo me limite a mirar los dibujitos de aquellos personajes ya conocidos, rememorando todas sus aventuras.  Allí, sobre una nube voladora, atravesando bosques inmensos, agitando su peluda cola, con su báculo mágico en posición ofensiva, incrementando día a día su poder estaba mi héroe favorito...  y no, no es goku,  aunque si tiene mucho que ver con él.  Su nombre era (o es) Sun Wukong, el rey mono, personaje de la literatura y mitología china,  y el libro "Viaje Al Oeste" escrito por  Wu Cheng´en  en el año 1590. Este ser, que según algunos podría ser una variante del dios mono indio Hanuman (una de los tantos aspectos del dios Shiva y fiel guerrero contra los demonios ráksasas  en el Ramayana) tiene una hoja de vida que haría poner verde de la envidia a unos cuantos superhéroes contemporáneos,  incluido linterna verde, el mayor superhéroe de todos aunque no lo parezca.


Nació del caos primigenio, de  una roca en forma de huevo  sobre la montaña de las flores y las frutas;  con forma de simio, creció como simio en el reino de los simios, donde fue uno de sus más brillantes representantes, pero aquí empiezan las virtudes de este muchacho, como su propio nombre lo señala, (el simio consiente del vacío) fue consciente de su mortalidad estando entre sus peludos congéneres, de modo  que haciendo caso omiso a los guiños que de vez en cuando le hacia la muerte, optó por buscar la respuesta y solución definitiva a esta situación,  busco un tutor como ningún otro, el maestro Bodhi, que algo reacio dada su condición de simio, le enseñó todas sus artes, resultando un alumno excepcional, allí adquirió sus poderes como la transmutación (la técnica de las 72 transformaciones), su increíble táctica de lucha, los  84000 avatares que tenía, correspondientes cada uno a sus pelos, la técnica del súper salto,  la posibilidad de volar en una nube, algo que solo un alma pura podría realizar  y el uso excepcional de su arma, el báculo dorado, el pilar que pacifica los océanos, que muy astutamente robó  al rey dragón de los mares orientales. No contento con esto, visitó el inframundo y allí borró su nombre de la lista del destino, y cual rebelde sin causa, ante la invitación del emperador de  jade (el Zeus chino) al reino celestial,  sin permiso comió los melocotones  de la inmortalidad de la emperatriz (se presta para otras interpretaciones) y las píldoras de la indestructibilidad.  Forjó su propio destino, se igualó a los dioses letárgicos y armó un zafarrancho en el cielo.  sin resultado trataron de controlarlo, como pollo de sancocho de río, fue hervido por 49 días en un caldero mágico para destilar su poder, pero contrario a lo que se esperaba esto solo lo aumento, solo el mismísimo Buda  ante tanta algarabía le puso el tatequieto,  cuando esté,  en tono arrogante aceptó una apuesta con el pobre viejito,  al final quedó prisionero bajo una montaña  como castigo, hasta que fue puesto al servicio  del monje Xuanzang, que ayudado por la santa Guayin, la cual por medio de argucias colocó una corona de control sobre el volátil semidiós.  Inició el épico viaje hacia el oeste en busca de  libros budistas perdidos en la india, a su paso fue reclutando al cerdo Zho Wuneng  y al duende/monje  Sha Seng, compañeros de viaje  que redimirían sus faltas en aquel peregrinaje, y claro el caballo del monje Xuan, un príncipe dragón, antiguo contendiente de Wukong convertido en bestia como castigo. Cinco peregrinos, cinco héroes de la verdad y justicia en busca de la sabiduría.  Este es el libro que quiero leer.

Esta de más decir que sobre esta historia se fundó gran parte del anime oriental,  creaciones de Masashi Kishimoto  y la misma historia de Goku   tienen sus raíces en esta narración. Por lo que he leído, el rey mono es uno de los superhéroes preferidos de los chinos de la china, algo semejante al Superman nuestro de cada día.  Entre los zapatos, electrodomésticos y juguetes, también nos han llegado algunas pequeñas muestras del rey mono, como la serie de televisión emitida a mediados de los 80s, monkey magic, entretenida como toda película de karate o kunfu emitida por canal peruano, y dos o tres adaptaciones cinematográficas, protagonizadas por Jackie chan, Jet Li y otro gringo.   Si lo que dicen los especialistas es cierto y la globalización y la influencia de la cultura china va en aumento, no me molestaría en lo absoluto  tener una pequeña figurita de Son Wukong en el jardín, cual gruta del divino niño, guardián ante eventuales fuerzas del mal.

Oh siervo, hermano mio...si tu supieras....



Un día cualquiera  una señora con rostro de angustia y manos inquietas ingresó al centro de salud del pueblo en el que trabajaba  y  con voz baja  me pidió humildemente que visitara a su padre (¿o esposo? No recuerdo bien) que se encontraba en delicado estado de salud en su casa.  Eran buenos tiempos y buenos lugares, lejos de los dominios de auditores, EPS, jefes psicorrigidos y agendas contrarreloj.  Envolví el fonendo en el tensiómetro y salí con aquella mujer en busca del paciente. No quedaba lejos, era un caserío pequeño de calles empolvadas, gentes apacibles, rodeado de montañas abruptas, bosques floridos, aves cantoras, insectos multicolor, ríos cristalinos y como diría Nacho Vidal, dos o tres guerrilleros ocultos en matorrales.

Entré a la casa, una casa vieja como pocas,  subimos al segundo piso donde el anciano yacía.  La señora en tono preocupado me explicó que a don Juan (para darle un nombre) hacia pocos días lo habían operado de la próstata  por un cáncer avanzado  y  desde la noche anterior el dolor abdominal se había intensificado, quería saber si podría haber sido alguna complicación secundaria al procedimiento.  

Juan tenia mal semblante, caquéctico y estuporoso  respiraba con dificultad en la cama.  Hice algunas preguntas de rigor (debí haber realizado la anamnesis completa me hubiese ahorrado sorpresas) tomé  los signos vitales  y lo descubrí para observar la herida quirúrgica.  Temía estuviese cursando con alguna infección de sitio operatorio o sepsis abdominal.  Su abdomen excavado y de piel acartonada subía y bajaba con cada respiración,  pero no había nada, ni una sola herida. 

-¿Le hicieron la prostatectomia transuretral?  Pregunté entre duda y aseveración.

Ella, mirándome confundida por tanta palabrería técnica no me dijo nada, solo  dejó escapar una expresión de  interrogación.  

– Le sacaron la próstata por el pene con un tubito-  aclaré. 

Y  me contestó de forma contundente.  

- no doctor fue una operación de las normales-

-¿Segura?-

-Sí, segura.-

Volví los ojos al abdomen tratando encontrar la linea de la incisión o como mucho una pequeña cicatriz del procedimiento; pero no había nada, ni una miserable estría que me diera una pista. Rápidamente repasé  todo lo poco que sabía sobre urología y por ningún lado encontraba el tipo de procedimiento que se le habían realizado. 

¿A qué horas se inventaron una nueva técnica? Pensé

tendré que pasar por la vergüenza y decirle a la señora que eso era nuevo para mí, como cuando la gente llegaba con fórmulas de medicamentos de marca comercial y uno como fiel producto del sistema solo los conocía por su nombre genérico. Le miré la espalda, la región lumbar, los muslos, la ingle, y por enésima vez su región abdominal y nada, no había nada. 

La señora al verme cual mecánico pintando uñas, sonriente (¿?) me aclaró:

No doctor, es que a él lo operaron espiritualmente, el siervo Gregorio le sacó la próstata espiritualmente.


Mil cosas pasaron por mi mente, mientras mi cara de estúpido bien podría haber servido como meme de Facebook.   Respire profundo y le dije que yo de ese “campo” de la medicina  poco sabía.  

Juan  solo estaba en manejo paliativo para dolor, un cáncer metastásico había hecho de las suyas  y el pobre viejo tenía los días contados. Les di algunas recomendaciones sobre el manejo del paciente terminal y ajusté la dosis de analgesia que sabiamente “el siervo” había suspendido.  Eran personas sencillas, honestas,  que en la desesperada búsqueda de una alternativa ante lo inevitable habían caído en manos inescrupulosas.   Nunca le dije que el viejo no había sido operado, que todo había sido un macabro acto de teatro, suficiente era tener un ser amado agonizante como para también cargar la culpa de haber sido un nuevo ingenuo estafado.  Juan murió a los dos días. 

–contra la voluntad de dios no hay santo que valga- me comentó la señora.

Qué pensaría José Gregorio Hernández si hoy saliera de su tumba en Caracas y viera el circo que se formó alrededor de su nombre.  Figurita obligada en consultorio de brujos y charlatanes, él,  vestido de traje negro, bigote pulcro, cabeza coronada con un simpático sombrero y expresión alegre, acompañado de ángeles pisando culebras, divinos niños rosaditos y cristos sanguinolentos. ¿Qué pensaría al escuchar su novena milagrera auspiciada por curas y curanderos?.  Qué cara pondría al ver la mafia innominada de médiums y sanadores que haciendo uso de su buena fama, sacan pulmones, tumores, malas sangres, aires malos, lagartijas, cálculos, enderezan huesos  y extraen próstatas a moribundos mientras familiares inocentes entregan sus ahorros a hermanos y hermanas de la misma mala madre. Mercaderes de pobreza más que material intelectual.  Y para completar el cuadro y en aras de la buena rentabilidad del negocio, la santa madre iglesia, decide darle nuevos títulos post mortem que el probablemente nunca llegó a imaginar.  Como el muerto no se puede defender,  el brujo y el cura hacen fiestas en su ausencia.


José Gregorio fue un inminente médico de la sociedad venezolana de finales del siglo XIX principios del XX, científico consumado, impulsó el desarrollo de la ciencia y la educación en su país.  Católico ferviente y posiblemente un sacerdote frustrado, combinó sabiamente aquellas dos corrientes, entregando su caudal de conocimiento al servicio del más necesitado, imitando las acciones de algunos santos y cumpliendo los principios que promulgaba su doctrina. Murió en un accidente de tránsito, como peatón, cuando, me imagino, eso era cosa poco usual (quien contra la voluntad de dios)

Que bueno sería que lo bajaran de los estantes de brujos, viejitas locas y sacerdotes engreídos, y colocaran aquella figurita de traje negro, sombrero redondo y carita feliz en el sitio que le corresponde. Al lado de Galeno, Hipócrates y Esculapio en las facultades de salud.

jueves, 22 de mayo de 2014

J.J Benitez y la historia de Jesucristo viajando en naves espaciales.



Ocasionalmente llegaba a mis manos alguna revista de círculo de lectores con dos o tres años de atraso, pero igual que revista de peluquería  era ojeada en su totalidad.  No estaba seguro quien las adquiría, si era mi papá  o alguno de sus amigos, o si ocurría con ellas lo mismo que con los juguetes, los cuadernos y la ropa;  se rotaban de generación en generación.  A pesar de todo era un  buen referente para  saber cómo se estaba moviendo el mercado editorial, que libros salían,  cual casa editora llevaba la delantera, si había un nuevo libro de Kama Sutra, cuantos juegos de tenedores y cucharas podría obtener por comprar determinada colección, en fin, se prestaba para imaginar cualquier cosa, como el tamaño de la biblioteca que soportaría mi hipotética colección, inventarle una historia a cada caratula que se promocionaba, aprender con lupa (literalmente) la última posición que dejaban entrever las pagina abiertas del diccionario visual del sexo. (Aún existía la moda afro).  Y todo hasta ahí, eso de comprar libros quedaría para años después. 

Pero entre todos ellos había dos que siempre llamaban mi atención,  uno era EL ENIGMA SAGRADO, de fondo rojo con una copa en su centro y dentro de ella una calavera sonriente,  y el otro era CABALLO DE TROYA, que con el paso de los años fue aumentando como las películas de Rambo;  Caballo de Troya I, II. III……   y por supuesto, quien sería su escritor sino el desconocido (para mi) JJ. Benítez.

No volví a tener noticias de él por unos años, hasta que en una charla con una amiga en una esquina cualquiera, al amparo de la soledad y la oscuridad, en los recesos que nos dábamos de los besos babosos,  exponíamos puntos de vistas literarios (que cultos éramos, ala, Álvaro mutis y Bernardo hoyos comían chitos al lado nuestro).  Allí,  ella aun con las pupilas dilatadas me ilustraba sobre la obra cumbre de Benítez -el mejor periodista y escritor contemporáneo-  "El Milagro De La Virgen de Guadalupe".  Por suerte las charlas eran cortas, en otro escenario hubiésemos terminado con apoplejía por hablar tanta barbaridad.


Pero el mal ya estaba hecho y el universo conjuró para que JJ. Benítez y yo tuviésemos nuestro primer encuentro (literario).  

Cada fin de semana el grado 11 viajaba a  la capital, a un curso de informática en el SENA (con orgullo puedo decir que yo hice un curso de D.O.S, que soy modelo pre Windows mis estimados párvulos) y a la salida, en el tiempo libre, era obligatoria la entrada a un supermercado de cadena y en aquellos tiempos remotos  el YEP era lo máximo.  Y allí en el estante de libros (si, el YEP tenía su sección de libros) estaba reluciente el Caballo de Troya III, con todo y Jesús alzando su dedo, señalándome,  invitándome a desentrañar sus secretas enseñanzas.   Como todo buen parroquiano  promedio, dentro de las compras (masmelos o ropa en  promoción) tenía que ir algo robado.  Luego de aprender las técnicas y tácticas de mis compañeros yo opte por el libro, primero,  porque ¿quién robaría un libro? (que ingenuo, mi lista de perdidas es alarmante) y segundo porque el libro me había escogido.  Y sin entrar más en detalles, todas las huestes celestiales favorecieron el ilícito.  He de confesarlo, nunca disfrute tanto algo mal habido. Me sumergí en las páginas aventurescas de aquel reportero español en tierra santa, escapando de los estúpidos servicios de inteligencia israelí, siguiendo pistas tipo Robert Langdon, para finalmente terminar una tarde lluviosa frente a la tumba del mayor en los campos de Arlington,  a la sombra del níspero, dando infinitas gracias por su labor.  A partir de allí, mi vida intelectual se partió en dos... y cuanto he tenido que esperar a que esta fractura soldara sin secuelas…creo.


Ingrese al nutrido club de benitologos, me engullí varios tomos, iniciando al mejor estilo de Tolkien, con el caballo de Troya III  luego caballo de Troya II y caballo de Troya I. luego salte a los astronautas de Yahvé, mis enigmas favoritos, Ricky B, ovni alto secreto, caballo de Troya IV, la rebelión de lucifer, SOS ovnis y por último la mitad de caballo de Troya V,  sencillamente a estas alturas mi cerebro no pudo más y se derrumbó.  Conservó algunas funciones del tallo y algunos automatismos que le permitieron a mi cuerpo caminar, comer e ir a la facultad de medicina, pero el resto estaba en estado de coma profundo. Luego de los rezos de  mi tía abuela y la intercesión de José Gregorio, pude volver en mí  y retomar el camino.


Fueron necesarias arduas jornadas de descontaminación cerebral, leyendo  libros de historia antigua, artículos de crítica, historia comparativa, artículos de astronomía y arqueología y bendito sea el internet, viendo videos y análisis de personas serias que se habían tomado la molestia de desmontar el circo que este señor había formado.   

Hoy su estilo narrativo me resulta insoportable (el de los caballos de Troya) sus referencias históricas con descalabros imperdonables, sus apuntes científicos tan confusos (tal vez ese es el truco) que al día de hoy todavía no capto bien a que se refería con lo del swivels para viajar en el tiempo, si lo tomó de una investigación de física teórica seria o si simplemente está mamando gallo.   Pero no todo fue malo, gracias a sus libros supe de la existencia de los evangelios apócrifos, no sé si truco mucho la cosa, diciendo que a María cuando era niña la llevaban a una nave nodriza, donde jugaba con los ET a la pelota  (eso estaba en un dibujito) también conocí el caso UMMO,  al grupo RAMA, a Sixto Paz y su corriente ufológica que por unos pocos años seguí.  Y lo más importante, gracias a su descarado plagio  pude llegar al libro de Urantia, una obra maestra de lo que sea que sea ese libro.  Tan completamente enredado y psicodélico, tan místico y seudocientífico, tan ameno y revelador que por derecho propio tiene que estar en la sección de libros de lectura obligada,  y si les resulta muy pesado pues simple esta la rebelión de lucifer que de la mano de Agurno y sinuhe nos darán un recorrido turístico por la historia de esta,  la tierra, es decir Urantia, el 606 planeta del sistema de Satania, en la constelación de Norlatiadek, del universo local de Nebadon, del sector menor de Ensa, del sector mayor de Splandon en el séptimo superuniverso Orvonton….amen.

lunes, 19 de mayo de 2014

Album de chocolatina JET, mi dulce compañia



Hay días en los cuales uno hace limpieza y actualización de la billetera, elimina recibos de hace siete meses, recibos de cajero del  día de pago, papelitos con números de teléfonos sin nombre, tarjetas de presentación, desprendibles de publicidad de brujos y brujas (se guardan por si las moscas) y dependiendo de la época de vida, se puede reemplazar el condón que ya huele a sudor de nalga o reacomodar la credencial que una chica por obligación nos  regaló en el colegio el día del amor y la amistad.  Pero algo que de una u otra manera estuvo, esta y espero estará, son las láminas de chocolatina JET,  esos papelitos rectangulares con imágenes a todo color en una de sus caras y en el reverso una explicación clara, completa y verídica ("el cielo y la tierra pasaran pero las verdades de las laminitas no pasaran" reza una inscripción maya en un templo egipcio del Perú).


Desde la escuela empecé la  titánica tarea de completar el álbum de historia natural, pasando por el colegio, la universidad y actualmente el trabajo, donde cada que puedo me embolsillo la primera que vea por ahí (había que recolectar como mil envolturas para reclamar un álbum).   Estas laminas fueron la moneda local de la infancia, con ellas se compraban  productos y servicios, se traficaba, había casas de cambio clandestino y al mejor estilo de los abuelos, se guardaban los excedentes en algún baúl o debajo del colchón.  Podría ser una leyenda urbana, pero se decía que si se llenaba el álbum, este se podía canjear por 500 o mil pesos en los camiones de reparto, nunca se supo de alguien que lo hiciera, bien porque nunca se pudo llenar el álbum, o porque tenía uno que ser muy pendejo para cambiarlo por tan poco.


Llenarlo fue una de las actividades propias de la infancia y la juventud, tan importantes como la primera comunión o levantarse la vieja buena de otros grados.  Pero como en todo álbum, siempre existía la lámina que nadie conseguía.  Podían pasar años sin que aparecieran y  a diferencia de las nuevas, las viejas (las láminas) no tenía su imagen atenuada en el álbum, como secreto de alquimista  solo la conocía quien la tenía en sus manos, y saber de su existencia era todo un suceso, por regla general eran los tipejos de los grados superiores quienes las conseguían, no me quiero imaginar los métodos de tortura utilizados para el fin, así que si por cosas del destino, caía en mis manos una de aquellas, con cuidado religioso se pegaba con la línea de colbon (y solo colbon ningún otro pegante) y en la seguridad del hogar se repetía una y otra vez “mi precioso, mi tesoro”.  A los años supe que existía un plan maquiavélico por parte de la compañía nacional de chocolates, ellos, resguardados en unas torres oscuras de chocolate, distribuían las láminas por regiones o localidades, de modo que si en mi pueblo era el pitecántropos o las inundaciones las imposibles de encontrar, en otros pueblos o ciudades eran la luna o la chinchilla que yo tenía por montón.


Nunca lo pude llenar, y siendo honesto, creo que aún no sé cómo son dos o tres laminitas, pero el álbum sigue en pie, después de sobrevivir a trabajos de biología y física de la escuela y el colegio, al saqueo esporádico de algunos amigos  y al efecto propio de los años sobre el papel.

¿Qué tan difícil sea llenarlo hoy?? No lo sé, que día visitando fugazmente el mercado de las pulgas vi dos o tres sitios donde vendía y cambiaban laminas, pero se pierde la emoción, de destapar la chocolatina, comerse el chocolate antes  que se derrita, voltear el papelito blanco y ver allí la hijuemadre lamina que siempre se ha necesitado. 

Como dato de cultura general han existido varios tipos de álbumes; el primero salió en 1962 llamado "la conquista del espacio" y "autos jet", luego salió otro en 1963, "banderas y uniformes" luego otro en 1964, "el hombre y el mar".  Por lo  visto estos no tuvieron mucho auge,  nunca vi a mi abuelo pegando laminitas con colbon cuando llegaba del trabajo en la finca ni a mis padres tampoco, tal vez estaban ocupados criándonos.   El álbum de historia natural salió en 1968 y estuvo inalterable hasta 1999 cuando tuvo cambio de imagen y adicionaron algunas laminas (y quitaron otras)  lo cual fue un despelote pues había dos soles para un solo lugar, y otras ya no estaban.    "El mundo de los animales" llegó en el 2007 y cuando ya casi lo llenaba lo sacaron de circulación y entraron los "animales prehistóricos y en peligro de extinción" en el 2011 que igual solo duró dos años pues cuando ya estaba a pocas lagartijas de llenarlo apareció la nueva versión  "planeta sorprendente",  ojala que a este si lo dejen unos 15 o 20 años para ver si al fin completo uno.



domingo, 18 de mayo de 2014

Acuarios, un lugar de paz en su vida


 

La primera vez que tuve  ante mí un acuario fue en primer grado de escuela, en la casa de un amigo;  había un pequeño cubo de cristal con piedritas multicolores en el fondo, restos de un naufragio de porcelana y una ranita verde con una manguera que le entraba por el trasero y botaba burbujas sin fin por la boca.  Dos bailarinas doradas se movían de un lado para otro, moviendo sus aletas y sus colas como si estuvieran bailando (por algo les decían bailarinas y no cuchas o bocachicos) desde ese día siempre quise tener un acuario y tener allí infinidad de pececitos nadando de un lado para otro. Pero Por razones que no van al caso,  no tuve la oportunidad de tener uno en casa,  aunque esto nunca frenó mis impulso acuariofilisticos.  Durante años fue normal que llegara a  casa con renacuajos en todos sus estadíos, con insectos rarísimos parecidos a cucarachas acuáticas que picaban terriblemente  y que se alimentaban de renacuajos o en ocasiones con pececitos capturados en riachuelos cerca de la finca de mis bisabuelos  que duraban pocos días en mis recipientes improvisados o en la alberca de la casa.

Hace unos años, y en un descuido de mi esposa, llegué con la mágica cajita de cristal a  casa, so excusa  que sería el nuevo juguete de mi hijo (cuyo único interés por el mundo acuático se limita a las piscinas)  improvise una mesa desbancando algo de algún lado, coloque el acuario, lo llene de piedritas blancas, coloque el filtro, arroje (literalmente) unos cuantos litros de agua y deposite en aquel turbio escenario dos bailarinas.  Y desde ese momento inicio mi calvario (y el de mi esposa en cierta forma) como primer apunte hay que decir que es casi imposible tener en esos primeros días el agua igual de cristalina a la de las tiendas de mascotas.  Allí los animalejos corren y se exhiben en toda su multicolor forma en aguas  transparentes.  En la casa, a los pocos días del montaje, el color pasaría de un azul nocturno  a un azul clarito, luego a un amarillo verdoso, luego un verde amarilloso  y luego a un verde pestilente (1° observación de mi esposa) Sin contar que las primeras noches el sonido reverberante del burbujero me recordaba  la olla de la sopa hirviendo al medio día (2° observación de mi esposa). De modo que empapándome un poco del tema llegué a la conclusión que la causa de todo aquello era el poco espacio que brindaba la cajita mágica, que para permitir un adecuado desarrollo del ecosistema  (ya hablaba en esos términos) era necesario una caja más grande, así que escapándome del sistema capitalista y exhibiendo mis dotes de MacGyver un día traje a casa  5 láminas de vidrio de 1 metro con tanto de ancho y cincuenta y tantos cm de alto. Con la ayuda de mi esposa (mujer de infinita paciencia) esa noche nos dedicamos a pegar los vidrios en el orden adecuado con la silicona indicada, con el pequeño detalle de no saber para qué carajos era el aparatejo con forma de pistola que venía con ese frasco, de modo que fue una lucha terrible tratar de sacar el endemoniado pegante a tal punto que use la culata de un martillo para obligarla a salir.  Una hora después, cuando solo faltaban dar los últimos retoques y limpiar los vidrios, los libros de apoyo y el piso de los parches de silicona,  comprendí que aquel aparatejo que había desechado era la pistola de silicona… (3° observación de mi esposa). A pesar de todo fue un bonito acuario, así todos opinaran lo contrario, habitado por bailarinas, escalares, neones, betas, cebras,  camarones de rio, guppys, una cucha y más.  Todos ellos con una increíble tasa de mortalidad (exceptuando 2 bailarinas y un escalar) 

Meses después di el segundo paso, que era quitar todos los adornos artificiales y entregarme al paisajismo natural, llegue con troncos que dejaban turbia el agua, lajas de piedra que al caer rompían el vidrio y que además ocultaban  adecuadamente los cadáveres de pececitos; plantas acuáticas compradas a precios ridículamente altos y que no pasaban de una semana pues eran pasto para las vacas acuáticas.  Luego me di cuenta que aquella caja artesanal era muy pequeña y no cumplía todas mis expectativas de modo que la deje a un lado y me conseguí otra de mayor tamaño, en la cual conocí las costumbres caníbales de muchas especies, las danzas de cortejo de otras,  sistemas jerárquicos en otras, bulling acuático, y el reinado absoluto de la cucha en aquel pequeño mundo, nadie le pegaba, nadie la molestaba, y cuando estaba molesta se llevaba por delante lo que fuera.


El acuario fue un miembro más de la casa, al que había que dar comida, limpiar (mi esposa no quiso hacer más observaciones “es su acuario, usted lo limpia”) esto podría gastar toda una tarde, proteger de los niños visitantes que cual personaje de Nemo gustaban golpear los cristales o en el peor de los casos tratar de colgarse de él. E invertir en belleza con luces de neón que a los pocos días eran insoportables, o filtros súper híper eficaces que dejaban de funcionar cada tanto.

Pase por las etapas del acuarofilo, que sería empezar por los pescaditos de siempre, las típicas bailarinas o goldfish y los escalares, luego montar un zoológico superpoblado, después entrar al paisajismo, pasar a los ciclidos, la superpoblación de ciclidos, pasar nuevamente a los goldfish y escalares para finalmente quedar con los dos o tres peces que a modo de ejemplo de la ley de la adaptación del más fuerte soportaron todo este ajetreo.  Finalmente y como presintiendo una próxima mudanza los dos pececitos dorados que quedaban nadando de un lado para otro, como hacía muchos años los había contemplado en casa de mi amigo, entregaron sus almas al señor celestial, cortesía de algún cambio de agua mal hecho (es el colmo que a estas alturas usted no sepa cambiar el agua increpo mi esposa como 4° y ultima observación) quedando solo la cucha de una libra que podría servir para sopa de enfermo, esta quedó en la antigua casa, ya que el vetusto acuario no resistiría un trasteo.  Unos meses después, don Guillermo (el dueño de la casa) nos informó que el animalito había muerto de pena moral,  anima bendita, ojala haya encontrado el descanso que aquí en este valle de lágrimas nunca pudo tener.
Sé que ahora por google o YouTube se puede encontrar la información que se quiera sobre el apasionante mundo de la acuarofilia, pero si alguien quiere tener las nociones básicas, no tanto técnicas, más si sobre los eventuales “sucesos” que pueden venir en el desarrollo de ella, les recomiendo HABLABA CON LAS BESTIAS LOS PECES Y LAS AVES.  De KONRAD LORENZ  un ameno libro que seguro los hará llegar un día de estos, en un descuido de sus esposas (o esposos) con una mascota a la casa.


jueves, 15 de mayo de 2014

Mea culpa....tambien lei JUVENTUD EN EXTASIS




Ya casi era la media noche y aún tenía  en mi mente aquella duda existencial, una encrucijada casi, casi metafísica.  ¿De qué escribo? ¿de Carlos Cuauhtémoc  o del vello púbico? Y ante la similitud entre los dos me decidí por el primero, por el  novelista mexicano y su obra máxima "JUVENTUD EN EXTASIS".  Por cosas del destino,(y si existe dios debo agradecérselo) el primer ejemplar de este libro cayó en mis manos cuando ya tenía los veinte y tantos años encima, claro, no era un adulto hecho y derecho, pero tampoco un adolescente díscolo,  (según recuerdo, Regina 11 en una entrevista dijo que a la edad de 21 años  los huesos del cráneo se había sellado adecuadamente y  el cerebro no crecería más, por lo cual  podríamos considerarnos adultos, sabia la brujita querida).
  
Me cuesta trabajo imaginar los estragos que habría sufrido  mi “esfera biopsicosexual”  si a los 15  o 17 años  hubiese leído esos párrafos heréticos.  A lo mucho había logrado superar la educación ochentera y la revolución de los noventas, esto habría sido el golpe final, un harakiri mental que inexorablemente me habría llevado a una vida ascética o a un seminario a las afueras de cualquier ciudad.  

Debo decir que la primera vez que vi este manuscrito, quede impactado por su título, "JUVENTUD EN EXTASIS" en rojo sangre estrogénica,  con la foto de dos jóvenes mirándose cara a cara y quien sabe en qué cochinadas pensando mutuamente. A tal punto que llegue a pensar que podría servirme de ayuda teórico táctica, para concretar ciertos asuntillos sexysentimentales que tenía enredados.   Por simples  cuestiones de buena educación y de normas de Carreño, no lo leí públicamente, lo deje para la noche, en la tranquilidad y privacidad de mi habitación. Y una vez abierto se desplegó ante mí un nuevo mundo…


A mi mente llegaron imágenes y recuerdos entrelazados de forma desordenada, ¿qué carajos era lo que estaba  leyendo?  No estaba seguro si leía el guion de Marimar o "alcanzar una estrella 2"  mientras escuchaba a la monjita que nos daba filosofía y educación sexual en el colegio  tratar temas como la polución nocturna o el ciclo menstrual. Eso orquestado en el ambiente académico de una fiesta universitaria, mientras,  aparecían imágenes de diapositivas de chancros sifilíticos o linfogranulomas venéreos.  Luego me sentía en las charlas que se daban a los jóvenes los martes de semana santa en el pueblo, donde el cura o seminarista de turno, nos explicaba la importancia del celibato y la abstinencia.   

No sé a las cuantas horas lo terminé, pero al llegar al final me persigne, recé el yo pecador  y me dormí pensando en ese capítulo donde al mejor estilo de un reguetón famoso, los personajes  estaban con ropa haciendo el amor. (Que como dijo Silvio rodríguez no es lo mismo pero es igual).

Prometí sobre cuatro revistas de Kaliman y un álbum de chocolatinas JET nunca más volver a leer algo así, y lo he cumplido fielmente hasta la fecha.  Pero si por cosas del destino, un sábado en la tarde no tienen nada que hacer  y hay  un ejemplar de este libro a mano,  léanlo (Fry de futurama lo hizo)  fuera de prejuicios puede ser entretenido, eso sí,  como los frascos de  veneno, mantenerlo fuera del alcance de los niños.

miércoles, 14 de mayo de 2014

En la orilla del oceano cosmico




A mediados de los ochentas, no recuerdo los días ni la hora, encendía el televisor Toshiba a blanco y negro y me dejaba llevar por las imágenes y las historias que narraba un hombre de aspecto flemático, de cabello oscuro y lacio revuelto por la brisa del mar.  Era la serie COSMOS, y aquel hombre de semblante sereno era Carl Sagan.  Cursaba por esos días algún grado entre 1° y 5° de primaria, y a pesar del esfuerzo de mis profesoras, nunca llegarían a mi ideas tales que abarcaran galaxias, supernovas, secuencias evolutivas desde una simple protocelula hasta un simio, ni viajes de gemelos en el tiempo.   Sin que  contáramos  con los conocimientos básicos para entenderlo, Sagan, de una forma amena, ágil y casi poética,  presento ante nosotros  un universo complejo, vasto, lleno de misterios y cosas extraordinarias, y lo mejor de todo, entendible, aun para un niño de escuela.  Sin quitar mérito al plan de estudios vigente en aquel entonces, COSMOS, junto al TESORO DEL SABER y NATURALIA  se convirtieron en  “maestros virtuales” que inclinaron mi mente y la de muchos otros al mundo de la ciencia y sus maravillas.

Años después revisando los estantes de una librería,  tamaña sorpresa me lleve al ver allí en compañía de ejemplares de pablo Coelho y Deepak Chopra la edición de COSMOS, para ser más exactos la 21° edición, de editorial planeta, y dos o tres estantes después, su segunda parte UN PUNTO AZUL PALIDO (no necesariamente segunda parte).  No tenía ni idea que aquella serie de televisión que había llamado tanto mi atención como mazinger z o los Transformers, estaba a mi disposición en papel.  Nuevamente rememore las peripecias del Voyager, seguí la secuencia que llevo a Miller a recrear el caldo primigenio, especule sobre qué tan habitable seria titán, y nombre dos o tres galaxias cuyos nombres ya había olvidado.


Actualmente se emite una nueva serie, un remake de la serie de  los ochentas, en esta ocasión presentada por Neil Degrase Tyson (alumno de Sagan), en ocasiones tratando de imitar  la original no sé si buscando capturar audiencia o simplemente como tributo al fallecido Carl.   De lo único que si se puede estar seguro, es que el COSMOS original difícilmente podrá ser reemplazado,  con todo y sus limitaciones visuales y técnicas, y con las dudas que hace treinta años se tenían, no deja de ser un documental de culto para muchos, y para los más frikis, también están los libros.