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viernes, 12 de octubre de 2018

Día dieciocho. ¿por qué Ernesto Macias llamó "niña" a la representante de los estudiantes?




¿Por qué Ernesto Macías llamo “niña” a la representante de los estudiantes y por qué se armó tanto alboroto por esa simple palabra?

Hasta hace poco  no prestaba mayor importancia a la forma en que coloquial o informalmente se llamaba a alguna mujer (preferiblemente joven) en cualquier circunstancia;  bien podría escuchar el “oye chica”,  o “señorita” o “niña” o “amor” o “linda”  o “nena”,  siendo para mí lo más natural, ya que en esencia lo que se buscaba era llamar la atención de aquella mujer que aún no clasificaba en el epíteto de “señora” o “doña”.  Pero después de trabajar hombro a hombro con muchas mujeres  en un área de constante contacto humano como lo son los servicios de salud, me di por enterado que no utilizar el “doctora” o “medica” o sus sinónimos  y si utilizar el adjetivo “niña” era una tremenda ofensa para todas mis compañeras,  comprendí que eso era lo más cercano a quitarle los 6 años de estudios de un tajo y dejarlas a nivel  de una tegua en proceso de aprendizaje,  y si lo que se quería era invocar al mismísimo satanás, solo tendrían que llamarlas como “nenas” o “amor”.

Macías se disculpó explicando que esa palabra era de uso corriente en su región, o sea el Huila… y si, tenía razón.  Pero algo se le escapó a nuestro iletrado senador.



En el Huila cada vez que alguien se refiere a una mujer con el  adjetivo de “niña”  no lo hace pensando en que es  una menor de edad, en este “regionalismo” existe una clara y a veces inconsciente connotación peyorativa.  “Niñas” son las subalternas,  las empleadas domésticas de las casas de los ricos,  las cocineras patirrajadas de las haciendas,  la “muchacha” de los mandados del pueblo.  En una sociedad de francas raíces pastoriles como es el caso del Huila grande,  “niña” es la denominación que utilizaban y utilizan los dueños de la finca, los patrones, los amos, para referirse a la servidumbre femenina.  Tal vez no haya sentido de ofensa directamente  implícito en la expresión,  pero si hay un claro significado de condescendencia, de “yo soy más que Ud. y por lo mismo yo le tengo aprecio”…y en el mejor de los casos,  “si se porta y trabaja bien yo en algo miro a ver cómo le ayudo.”

Es algo inherente al arraigo cultural del hacendado opita,  lo he visto mil veces en mi labor de médico.  En el caso de los hombres no se nota por la educación machista propia de la región, por eso a muchos de nosotros nos resulta invisible este apelativo,  yo nunca seré (o fui porque ya estoy lleno de canas) el “niño” en un servicio,  pero mis estimadas amigas día a día tienen que soportarlo, y curiosamente no solo de pudientes ganaderos sino, como todo,  de cualquier parroquiano que tratando de emular las buenas costumbres de su patrón también imita sus expresiones. 

Lo que hizo Macías al decirle a la representante estudiantil Jennifer Pedraza   “30 segundos niña y termina”  fue simple y llanamente mostrar su concepción de “patrón-peón” propia de la región,  tal vez si él hubiese pasado por los pasillos de una universidad hubiese comprendido que lo que estaba haciendo era una reverenda falta de respeto.



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