latecleadera

martes, 29 de diciembre de 2015

El culo si importa




Cuando se está molesto y se quiere cerrar algún tema de discusión buscando que quede claro el nulo interés ante este y las nulas intenciones de volver a tocarlo, es usual dejar escapar de manera fuerte y elocuente un “me importa un culo”.  

El culo es de las palabrotas más usadas para liberar esos ímpetus de ira, posiblemente después del “hijodeputa” en todas sus variantes, el “marica” desprovisto de la carga de libertad de genero actual y la “mierda” en toda su coprológica naturaleza, el culo es sin lugar a dudas una de esas expresiones que, aunque no es necesariamente ofensiva en las primeras personas del verbo, si sirve como aditamento para  restar importancia a cualquier cosa.

Pero ¿por qué tiene el culo que ser necesariamente malo? Un día me imaginé sin  él y el futuro se me hizo amargo; así será de importante este señor que es de las cosas que primero se le miran a los bebes cuando nacen, y si por desgracia no lo tienen el camino para recuperarlo es arduo y menesteroso.

Pero hoy no vine a hablar sobre las variables lingüísticas del culo, pompis, derriere, nalgas o cola, ni mucho menos sobre su funcionalidad fisiológica.   Simplemente vine a tratar de dar respuesta a la incógnita que ronda  estos azarosos días: ¿por qué nos gustan los culos de las mujeres?

Es algo instintivo, ajeno a nuestra parte consciente, algo automático.  La señorita ingresa en nuestro campo visual, y el nervio oculocefalogiro automáticamente dispara su carga sináptica y los ojos, la cabeza, el cuello y en casos extremos de respuesta a esta explosión bioquímica, todo el cuerpo, gira cual girasol al sol muscular que en armónico movimiento se aleja de nosotros.  Usualmente una descarga adrenérgica producto del dolor costal anula este reflejo…

Al parecer dicho interés por esta parte del cuerpo femenino se remonta a épocas prehistóricas, muy a pesar de algunos amigos anti evolucionistas y fieles seguidores del creacionismo,  hay que decir que el instinto primario que dispara este  en ocasiones “pecaminoso reflejo” nace del comportamiento de nuestros ancestros homínidos. En un lejano pasado, cuando nuestros peludos ascendientes aun andaban en cuatro patas, la cópula se realizaba por atrás, como muchos simios lo hacen hoy;  y es precisamente esta parte la primera que llamaba la atención cuando la hembra estaba en celo,  con esto quedó enmarcado en nuestro cerebro primitivo que la parte de atrás guardaba algo interesante,  luego la evolución nos haría pararnos en dos patas, y  los intereses debían cambiar. 


Las representaciones femeninas más antiguas tienen un marcado interés por determinadas partes corporales femeninas: los senos, principalmente enfocados en su función de amamantar, las caderas y las nalgas o “culo” (prefiere este último, es más inclusivo) 


¿Por qué?  Parece que todo tiene una base netamente biológica y de supervivencia.  Unas caderas amplias indicaban una adecuada adaptación para el embarazo y el parto;  cuando Dios en el jardín condenó a Eva al destierro, la levantó de su estado puro y animal y la puso a caminar; con voz de trueno le increpó “parirás con dolor”;  una de las desventajas de la posición erguida es esa, problemas con el parto, y dentro de las tipologías de pelvis, la que más se acomoda para esta función  y a la vez la más usual de ellas es la de tipo ginecoide,  que en términos técnicos se describe: 

-Sacro cóncavo o bien excavado, con promontorio no accesible.
-En el estrecho superior  los diámetros oblicuos y transversos tienen más o menos las mismas medidas no así el antero posterior que es más corto
-Espinas ciáticas romas
-Escotaduras Sacrociaticas amplias.
-Las paredes laterales de la pelvis son  rectas
-Arco subpublico amplio.

Que a efectos prácticos vendría siendo la que da la tan conocida forma de guitarra.  En aquellas épocas una mujer con buenas caderas era signo de buena madre, y en la que probablemente la cría no moriría (ni ella tampoco) en el parto.

Pero ¿y el culo?

La cosa es que entre el culo y la cadera tiene que existir armonía.  Según algunos estudios, el culo como tal no es tan importante, es la relación que se da entre culo, cadera y columna.  Y  le encuentro razón a ello, hoy por hoy y gracias a la cultura narco, es usual ver por las calles  variopintas señoritas y no tan señoritas exhibiendo su trasero quirúrgicamente diseñado,  solo que en ocasiones y a pesar de tener un buen tamaño, verse compacto y redondito, hay algo que no termina de cuadrar,  pasa como con los lentes de contacto de colores, uno termina fijándose en ellos no porque sean bonitos sino por lo raros que se ven.  

Según los entendidos debe existir  una relación de la cintura de un 60% con las caderas, ello daría la curvatura frontal guitarreana ideal. Eso por un lado, por el otro lado está la relación angular entre la columna y las nalgas,  muy a pesar nuestro, no es  el culo  con sus músculos glúteos hipertrofiados o ensiliconados el que lleva la batuta, sino el ángulo que se forma en la columna lumbosacra.   Este parece que en su medida ideal se ubica en los 45.5 grados, ángulos menores son mujeres de espalda larga, poco aptas para la reproducción, ángulos mayores son mujeres algo exóticas que peligrosamente pueden caer en patologías lumbares.   ¿Y por qué justamente esta medida?   Esta angulación junto con una masa muscular glútea adecuada brindaba  a la mujer un punto de apoyo adecuado para realizar labores en estado de embarazo y la hacían más apta para soportar varias gestaciones.


De modo que la cosa no es solo un culo bonito y ya, nuestras queridas mujeres deben comprender que cuando sutilmente desviamos la mirada ante alguna señorita bien dotada, lo que hacemos es realizar un complicado calculo entre las relaciones, proporciones y angulaciones de la  cadera, columna lumbosacra y masa muscular glútea, todo ello producto de miles, o tal vez millones de años sabiamente trabajados por la madre naturaleza con el fin de mantener la especie humana en pie.  O en términos de mujer resentida, lo que buscan simplemente es sexo…  lo cual sería cierto, de no ser por el neocortex cerebral, pero ese ya es otro cuento.

Con los hombres las cosas son de otra forma.  La imagen habla por si sola.


Por ultimo traeré a colación una historia relacionada con el culo.  

Hace unos años (muchos años) un culo prominente  no fue justamente una moneda de la buena suerte.  

Sara Baartman (1789-1815) fue una mujer bosquimana  del grupo de los hotentotes del sudoeste de África, tomada como esclava por colonizadores europeos  y llevada a Inglaterra como atracción de circo por una particularidad anatómica.   Dentro de este grupo étnico, es usual en las mujeres  una pronunciada angulación lumbar y un incremento en la acumulación grasa en la zona glútea, por ello sus cuerpos tienen culos excepcionalmente grandes, al parecer esta particularidad anatómica les evitaba pérdidas calóricas y de paso servían para el “traslado” de los niños.  


Sara corrió con la mala suerte de caer en manos de un médico inglés, que intrigado por su figura la embarcó a Londres donde la encerró en su circo de cosas raras,  allí fue exhibida como animal exótico, pues según su captor una mujer con un culo y genitales gigantes (hipertrofia de clítoris y labios menores) era prueba suficiente para ser considerada una raza inferior (aparte de ser de raza negra) ante las críticas por el trato inhumano en Inglaterra, fue trasladada a Francia donde  no hubo ningún cambio,  se hacía desfilar, se cobraba un valor extra por tocar su cuerpo, y cuando el show perdió interés, la pobre mujer fue prostituida;  finalmente murió a los 25 años alcoholizada, sola en un mundo extraño y víctima de algún tipo de enfermedad venérea.  No contentos con haberle arruinado la vida, una vez muerta su cuerpo fue utilizado  como material de estudio por médicos parisinos: tomaron un modelo de yeso de su cuerpo, y luego de la autopsia, su esqueleto, cerebro y genitales fueron dejados como especímenes de exposición en un museo.  Solo hasta 1994 luego de finalizado el apartheid y bajo el mandato de Nelson Mandela,  se pidió al gobierno francés que repatriara sus restos, que finalmente fueron devueltos a su natal África en el 2002.


Para bien o para mal, el culo sí importa.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Andrómeda 40 veces desnuda



Hay una escena que se repite generación tras generación, desde tiempos inmemoriales, una imagen que posiblemente ha enmarcado una conducta humanamente estereotipada, una imagen que hoy más que nunca causa escozor entre grupos feministas y que antaño invocaba descabelladas conductas de hidalgos y paranoicos caballeros de un lejano lugar de la mancha del cual no quiero ni acordarme.


En lo profundo del subconsciente humano, al mejor estilo de un arquetipo junguiano,  reposa la figura de una hermosa  mujer, virginal y pura, y como tal obligada a posar de manera impúdica y brutal, exhibiendo su inmaculada tersura atada a una roca erosionada por la fuerza del mar. A lo lejos el terror oscuro brota de las furiosas aguas mientras en el cielo, el volátil héroe levanta su espada presto a salvar la doncella.


Andrómeda siempre ha despertado algún tipo de fascinación, su nombre, nombre de princesa, ha servido para bautizar galaxias, canciones, operaciones militares, grupos de rock y un afeminado caballero zodiacal.  Aunque revolcando en la etimología parece que significa “el hombre que se cura a sí mismo”  que para ser el nombre de una princesa queda algo forzado,  tal vez por eso, y muy a pesar mío, no he visto a ninguna Andrómeda Natalia Perdomo, o Andrómeda disley González… aunque si hay muchas Penélope… pero eso ya es otro cuento. Otros dicen que significa “la que reina sobre los hombres”, lo cual pareciera más congruente, pero cuando uno ve a una mujer desnuda encadenada  a una peña como que se rompe la congruencia; es que con la etimología pasa como con la religión, cada quien la acomoda a su gusto.

Andrómeda hace honor al dicho que reza que la suerte de la fea la bonita la desea,  y es que la pobre muchacha corrió con la desgracia de ser bonita, muy bonita, y tener una mamá lengüisuelta, y claro, vivir en una época en donde los dioses se enojaban por todo y andaban metidos en todas partes. 

Hija del rey Cefeo y de la reina Casiopea, está,  en una ocasión le dio por decir que ella y su hija eran  más hermosas que las nereidas, sensuales ninfas marinas, por lo cual, Poseidón, señor del océano, como castigo por la ofensa, envió al monstruo ceto a destruir al reino;  para evitarlo solo había una opción, ofrecer en sacrificio a la bestia a la princesa. Nadie se opuso, nadie movió un dedo para evitarlo, ni siquiera su prometido, así que la pobre mujer fue llevada a las afueras de la ciudad, atada a una roca cerca al mar y dejada a su suerte, en espera a que la bestia marina (no el kraken, ese es escandinavo) diera buena cuenta de ella.  Me imagino que se la merendaría, pero conociendo los gustos extraños de los seres mitológicos es probable que cetus al ver a su víctima desnuda e indefensa pensara otra cosa.  Pero esto nunca llegó a suceder, pues coincidencialmente a esa hora pasaba volando (literalmente volando) el héroe Perseo, luego de matar a la Gorgona y convertir en piedra al gigante Atlas, camino a su hogar para proteger la buena honra de su madre.  El joven desde lo alto vio la escena y con espada en mano lucho contra el monstruo marino hasta derrotarlo, liberó la doncella y como precio por el rescate pidió su mano a sus padres, que tampoco ofrecieron resistencia, el único que dijo algo en contra fue su antiguo prometido, que ya sin monstruos de por medio se sintió valiente;  pero Perseo estaba de afán  y quería dar buen fin a esa relación previa e hizo lo que todos en algún momento hemos querido hacer con los exnovios de nuestras parejas,   sacó lo cabeza de la Gorgona y lo convirtió en piedra a él y a sus amigos.  Este Perseo era de lo más práctico.  Luego  la hecho al hombro  y se fue con ella para su hogar, donde tuvieron siete hijos (para que no quedaran dudas de que era su esposa) seis hombres, los llamados perseidas, de los cuales nacerían los persas y otro personaje famoso, hércules. Y  una mujer, Gorgofone,  que a pesar de tener un nombre  horrible, se casó, enviudó, se negó a morir quemada junto a su difunto esposo y de nuevo se casó.



Ya con la historia de esta mujer despejada, simplemente me limito a dejar la visión que muchos famosos pintores han tenido de esta peculiar mujer y su destino…el de ser bonita.


Beaumont

Burne jones

Carle van loo

Cavalier d´arpino

Chasseriau



Dore

Dore

Emile bin

Frederic leighton

Fresco romano

Frost

Furini

George Antoine Rochegrosse

giorgio Vasari

Giuseppe-Cesari

Glendening

Guido Reni
Stellarium


Jean Auguste Dominique

John Roddam Spencer Stanhope

Kingsley

Matout

Morazzone

Moreau

Napier kennedy

Pierre-Mignard

Pierre-Picou

Pointer

Rembrandt

Roger delivrant Angelique

Rubens

Sara Page

Nick knight
Tamara de Lempicka

Thornhill

Thulden

Verones

Vlaho Bukovac

Wtewael



Fredy Polo

lunes, 7 de diciembre de 2015

Sin titulo N° 3 (Magdalena)


fredy polo

Tengo tantas canas, tantas sombras y claroscuros cubriendo mi cabeza que me pregunto ¿cuándo vendrás por mí?
Mujer de mirada perdida en la lentitud del existir.
Te recordé en los pasillos
Recorriendo con andar cadencial (¿existes palabra?), paso a paso
Un eco de pisadas en callejones y corredores
Un pie blanco y largo esperando en las esquinas del olvido.
Soy un vagabundo que sobrevuela los nidos de las ratas en el anochecer
Sonrío a la luna desierta entre los árboles
Donde tu cara se enreda en los huesos de las ramas de los arboles moribundos.
Magdalena te llame en el principio de los tiempos
Luego
Cuando las trompetas disfonicas elevaban su plegaria a los ebrios obscenos
Catalina te llame
¿Más no eras acaso la bruja que se escondía bajo una raíz de regaliz?
¿En las tardes en las que la abuela paciente y tranquila preparaba el café?.
Lelen te llame en los sueños agitados
Cuando el sol del atardecer se agitaba en los arreboles del horizonte.
Luego te sentaste a mi lado con dedos largos y uñas sin pintar
-Esa es mi casa, ven-
Y yo nunca quise ir
Me ahogue en naufragios de miradas felinas y sacras
Aunque infinitamente malévolas y vulgares.
Las luciérnagas emigraron de mi hogar
Y tu piel rozó una tarde cualquiera mi barba incipiente.
Luego quise llorar mis lágrimas perdidas en una apuesta de rabia
Y te perdí
No te volví a ver.

fredy polo

¿Dónde estás mujer morena de lentes circulares?
¿Dónde estás mujer de cabellos rubios y lunares en los brazos?
¿Dónde estás magdalena de mi pasado? sentada bajo el árbol frondoso
Jugueteando con un perro en vísperas de navidad.
Un cabello de plata cae de mi frente
Golpea la uña de mi dedo mayor y retumba en ecos de burdel
¿Dónde estás magdalena?
La niña que fue a buscar el invierno y nunca quiso regresar
¿Dónde estás catalina? mal llamada Penélope para que pudieras encajar en la canción
Juraría que te vi un día en el atardecer
 Cuando llueven embarcaciones de papel
De los árboles que circundan el camino de la ciudad
Te vi escondida en los escombros de mi vida
Que lejos vas
Que lejos estoy
Eso es lo que queda de mí
Ese es el recuerdo de mí
El recuerdo de la mujer con nombre de niña
Que se perdió en la curvatura de un pie blanco
Que caminaba descalzo por los corredores de ensueño
Un día cualquier en abril y junio.


martes, 24 de noviembre de 2015

Sin título # 2

fredy polo

Suelo escribir lo que sueño…bueno, lo que someramente recuerdo haber soñado.  

Algo curioso con los sucesos oníricos es su capacidad de manipular el tiempo, de hallarle sentido a lo que no lo tiene  y por último, de desaparecer en el olvido con los primeros rayos del sol cual  nosferatu desvelado.   Hace cerca de dos años, un acomedido ladrón  se llevó mi portátil y con él centenares de páginas que durante meses y posiblemente años había cultivado de una manera burda y gramaticalmente incorrecta, simplemente una fuga de ideas a altas horas de la noche.  Por suerte mucho se salvó gracias a las copias en otro computador, algunos discos y copias de seguridad en los correos. Y estando en la tediosa labor de revisar lo escrito me encontré con este sueño que lo había dado como perdido, perfectamente clasificable como pesadilla.

Hay un sueño diferente a los demás, es un sueño apocalíptico,  lo particular de este es que en el no hay esperanza. Por regla general en todo sueño, y ante la inminencia de cualquier amenaza siempre hay una vía de escape, un punto firme, o al menos un camino que pueda llevar a un hipotético lugar de seguridad.

Era un vida  normal, trabajaba como lo que soy, un médico; vivía en un una ciudad a semejanza de Neiva, solo que con un clima menos tropical y horizontes más extensos.  Había un gran edificio de paredes monocromáticas alternas y una sobriedad típica de una clínica.  La noticia la escuché por primera vez allí, como un simple comentario farandulero, un chisme de pasillo, algo anecdótico. 

Los días pasaron, vivía con mi esposa, desconozco si Ángel -mi hijo-,  ya estaba entre nosotros.  Luego la noticia tomó más eco, y la incertidumbre inició.  En un televisor de tamaño medio un corresponsal extranjero daba los pormenores del tema.  Una gigantesca mole de piedra, un planetoide algo menor que la luna,  aparecía de los confines del universo y discreta pero invariablemente tomaba rumbo de colisión hacia la tierra.  Era poco creíble lo que allí se decía, ¿cómo podría eso ser posible?  Una esperanza infantil surgía por todos lados, siempre habían existido los problemas y amenazas y por muy complejos que estos fueran, siempre se encontraba la solución.   Pero los días pasaron y la solución no llegó.  Todos los medios de comunicación se desbordaban sobre el asunto, el choque era inminente, cuestión de días.

Yo estaba de nuevo frente al  edificio, como si nada fuese a ocurrir,  ocasionales personas cruzaban los pasillos, la mayoría guardias, esporádicamente se escuchaban los pasos de alguien que corría por algún lado y cosas que caían al suelo que nadie estaba interesado en recoger.  En la incongruencia del sueño, algo bestial acechaba al ingreso del ascensor, del cual me pude escapar por un pelo, para finalmente   llegar a lo que debería ser una oficina en los pisos superiores, al parecer mi sitio de trabajo, allí,  junto a algunos compañeros frente a un televisor inmenso pegado a la pared veíamos las noticias mundiales;  desordenes y confusión por todos lados, ideas locas que permitiesen la salvación salían de todas partes.   Había unos ventanales enormes que permitían ver la ciudad y el horizonte en un ocaso permanente perdiéndose a lo lejos,  no se observaba nada particular, ninguna señal cósmica del planetoide, solo un sol en caída junto a nubes arreboladas en furia, una imagen tranquilamente apocalíptica.  Luego aparecieron en la pantalla los posibles escenarios del impacto, y en todos ellos no se albergaba ninguna esperanza, el más optimista vaticinaba una conflagración mundial, un impacto oceánico que terminaría con un cielo en llamas, un planeta de fuego y lava removiéndose por todos lados,  era posible que solo un pequeño punto, el más alejado  del impacto escapara a su furia, ¿cuál era? nadie lo sabía.

Salí de aquel sitio,  ya solitario,  en busca de mi familia, esta vez solo busque a mi esposa y por la congoja en mi pecho también a mi hijo,  todos los demás  habían desaparecido.  Llegue a casa, una trasmutación onírica que nos dejaría en la casa del pueblo,  allí, en ese atardecer eterno se tuvieron nuevas noticias, ya se conocía el sitio del impacto y el nivel de destrucción que causaría.  El choque despedazaría la tierra, ese sería el fin de todo, después de ese instante lo que habíamos considerado nuestro hogar cósmico no sería más que infinidad de rocas dispersas por el espacio, la nada total.  En un arrebato intelectual me pregunté como se sentiría el impacto si este se producía del otro lado del mundo, ¿que se sentiría en la fracturación del planeta y la perdida de la gravedad? ¿Cómo sería el escape de la atmósfera? ¿En cuánto tiempo moriríamos? Pero algo que aun  más me aterraba era el  hecho de saber que todo lo que la humanidad había alcanzado, todo lo que la naturaleza durante millones de años había logrado simplemente se esfumaría.  Por primera vez sentí el temor no solo a la muerte de mi cuerpo, algo que todos teníamos presente y a lo que nos gustase o no nos habíamos adaptado, sino a la muerte de todo lo que habíamos sido como seres vivientes,  la muerte final, ya no había sustrato ni sustento para cielos, infiernos o ruedas karmicas, ya no había nada sobre lo cual aferrar una idea, solo piedras a la deriva eterna.  Con tristeza vi a lo lejos un hombre  orando a dios, pues este dios impotente también perecía con nosotros.  Luego con el paso de las horas en el atardecer eterno, (o un posible amanecer sin fin, no lo sé) cuando un grupo de nubes se disipó,  vimos  claramente al destructor de mundos;  una pequeña estrella  semejante a Venus al lado del sol.

Faltaba menos de un día para el impacto, aquella estrella aumentaba de brillo y tamaño, aunque nunca eclipsaba la majestuosidad de un sol indiferente,   ¿dónde sería el impacto?  ¿Vería caer esa cosa sobre mi cabeza?  Por un instante pensé que sería bueno ver el final de todo, igual, ya no había un tiempo después para lamentar o sufrir; ese deseo de estar en primera fila para la última y gran función en cierta forma me llenó de una extraña valentía,  pero luego me vi al lado de mi esposa  y mi hijo.  Llore amargamente, no quería que ellos acabaran, no quería que su historia llegara al  fin, la mía no me importaba, pero no la de ellos, no era justo.  Comprendí que aquí no había cabida para la justicia ni la esperanza,  solo era la realidad. 

Preparé una mezcla benzodiacepinica,  si moríamos, no lo haríamos sufriendo, si todo terminaba que fuera a su lado, pero tranquilos y en paz.  Le comente a mi esposa y ella estuvo de acuerdo.   




A eso de las seis de la tarde, en ese atardecer eterno, la hora llegó, no quise ver a lo alto, pero una sombra parecía apresurar la noche,  los tres tomamos el líquido que había preparado, nos acostamos en una cama, ubicada en el corredor, al lado de los geranios, las orquídeas y el piso de baldosa multicolor.  Ángel fue el primero en quedar dormido,  en su rostro había tranquilidad, probablemente soñaba algo agradable,  Nory le siguió, la dosis era alta, pasase lo que pasase no despertaríamos,  tomé la mía, me acosté en la cama y los tres nos abrazamos, lo último que recuerdo fue algo como un gran huracán, un viento fuerte moviendo mis cabellos.