latecleadera

lunes, 31 de julio de 2017

¿y los ateos para qué? diatriba contra la religión, por un diablo a las 10 de la mañana.






En cierta ocasión un compañero de trabajo en medio de una jocosa y poco sana charla sentenció:

-  “sobre política y religión lo mejor es no opinar”

Esto expresado en el contexto de que para evitar malentendidos entre conocidos con distintas corrientes ideológicas, lo mejor era pasar estos temas por alto y seguir con el feliz diario vivir.
Esa postura no parecía descabellada,   el tema religioso, luego  que se considerara a Colombia como un estado laico y que todas las religiones guardaran los mismos derechos ante la ley,  pasó a ser de esos temas que uno por literal “decencia” trataba al máximo no tocar. 

Por desgracia las cosas no siempre son como  deben ser, y el asunto religioso paso de ser, en teoría, un aspecto íntimo y espiritual, a transformarse en un elemento que literalmente podía subir o tumbar gobernantes.

¿Qué fue lo que ocurrió?

Hagamos algo de memoria

Hace unas décadas el asunto religioso ya estaba zanjado, Colombia era la patria del sagrado corazón (desde el año 1952) y la iglesia católica, apostólica y romana la única institución oficial encargada de velar por nuestros asuntos morales y espirituales (salvo algunas excepciones no del todo bien vistas, pero apretadamente aceptables).  En la escuela y el colegio la clase de religión (católica) estaba a la par con las clases de español y matemáticas, y el hecho de creer en Dios  era una cosa que se daba por sentada; simple lógica, simple sentido común,   solo algunos comunistas o hippies marihuaneros eran los únicos que en su retorcida vida osaban poner en duda aquella verdad.



Como nos bautizaron antes del año de vida, para evitar el mal de ojo y en caso de morir quedar en el limbo (que por suerte ya no existe) se podría decir que nacimos católicos, nuestros padres fueron católicos, nuestros abuelos fueron católicos, nuestros bisabuelos fueron católicos, nuestros tatarabuelos fueron católicos, nuestros tataratarabuelos fueron católicos, nuestros tataratataratatarabuelos fueron católicos, nuestros tataratataratataratatarabuelos fueron católicos,  nuestros tataratataratataratataratataraabuelos fueron católicos, uno de mis tataratataratataratataratataratatarabuelo fue católico, el otro (él o ella) fue un simple panteísta, posiblemente animista, hereje y vaya a saber uno si satánico,  que junto a sus padres y abuelos fue debidamente encausado en el camino de la salvación, bien por la fuerza de la palabra, bien por la fuerza del látigo o la espada.

Pero como el maligno es poderoso, y como bien está escrito y estipulado en las distintas profecías marianas, al final de los tiempos la confusión reinaría en el mundo.   Después de la constitución del 91, el país pasó a ser un estado aconfesional, con libertad e igual de cultos y con una clara separación entre lo que era el estado y la religión.  A esto le sumariamos el auge o explosión tecnológica  que se dio a finales de los noventas y en el nuevo milenio, con su secundaria masificación de la información.  La expectativa en un futuro mejor avalado por la ciencia y la tecnología y el advenimiento de una edad dorada de la humanidad nació en la mente de todos.   Por desgracias esto no se dio,  la ciencia mostró que no todo era color rosa, que no podía solucionarlo todo, que quedaba mucho pendiente por resolver y que muchas cosas no se podían  mejorar.   El mundo se sumió en un capitalismo salvaje auspiciado por políticas neoliberales, el medio ambiente dejó ver su lado flaco y agresivo, y todo lo que una generación había soñado (mi generación) quedó resumido en un mundo con un futuro incierto, sumido en guerras contenidas por líneas imaginarias, el hambre afianzado sus raíces y unos bonitos teléfonos inteligentes que nos permitían estar conectados a la red a toda hora para suplir nuestra necesidad de atención y elevar nuestro ego a punta de instantáneas hipócritas… pero a pesar de todo, esta era la época dorada de la humanidad, nunca antes habíamos estado mejor.



Como muchos no entendieron esto,  bien porque nunca lograron adaptarse a este cambio tecnológico generacional tan abrupto, o bien porque vieron derruida su utopía, o bien porque nacieron a la sombra de esa utopía que nunca entendieron, o bien porque la utopía-distopía era el mundo que los habían recibido,  necesariamente volcaron sus ojos al único consuelo que les quedaba…la religión.

Seamos sinceros, por muy poco creyentes que seamos, hay que aceptar y reconocer que el ser humano es ante todo un animal religioso, el humano necesita de la religión para subsistir,  el pensamiento mágico religioso es una herramienta que la evolución (esa que muchos niegan) nos dio para sobrevivir (como el pulgar o la bipedestación)  es la única herramienta que la naturaleza nos dio para soportar la pesada carga del intelecto y del hecho de ser conscientes de lo que somos, de dónde venimos y de lo principal, para dónde vamos,  la religión es, aunque no la única, si la salida más fácil para resolver el dilema de la muerte.   Muerte y religión (no dios) son dos conceptos  íntimamente relacionados.

El problema surgió,  en que el humano le tomó  ventaja a la naturaleza, y se expuso a realidades cognitivas ante las cuales no estaba biológicamente preparado.

El problema con la religión es que nos quedamos atascados en un culto primitivo, medimos con la misma regla con la que se medía hace dos mil o más años, nos le adelantamos a la naturaleza y la religión  quedó atascada en ideas de humanos casi cavernarios.



Luego de generaciones amoldadas en el culto católico, luego  que nuestra misma vida se viera directamente influenciada por esta doctrina,   el hecho de negar por algún motivo esta fe aun suena chocante.

El obispo de mi ciudad cada semana escribe una columna de opinión en un diario local, la mayoría de las veces hace serias críticas a diferentes actitudes y comportamientos de algunas instituciones que velan por la igualdad religiosa y en cierta forma, por mantener a cada uno de los credos en donde deben estar.   Uno de sus argumentos más utilizado es el uso del poder de las mayorías;   si Colombia es en su mayoría católica, por qué  no respetar sus creencias y ritos en escenarios públicos sobre los demás cultos, y en especial sobre las ideas y opiniones de grupos no creyentes.   Algo así como la tiranía de las mayorías (algo por cierto diferente a la democracia) y donde cada vez que lo leo, me llega a la mente cierta frase que leí en algún lado.  Si la mayoría siempre tiene la razón,  y les preguntáramos a las moscas que es lo más delicioso, ellas unánimemente responderían que la mierda es lo más exquisito.

Y para ser sinceros, y en vista de los sucesos de  actualidad,  el cristianismo en todas sus variantes tiene mucha semejanza con la mierda de las hipotéticas moscas parlanchinas.



Pero me he ido por las ramas

Hace algunas décadas, todos quisiéramos o no,  éramos católicos,   solo pequeños grupos se consideraban protestantes o evangélicos,  a los cuales siempre se les miraba con cierto tufillo de condescendencia,  pues por el rigor de su fe se les veía como personas rectas obligadas a serlo, víctimas de  la ingenuidad, pues solo un ingenuo podía creerse los cuentos de los pastores.  El resto de religiones se descartaban bien sea porque sus seguidores eran insignificantes, casi que imperceptibles y en el caso de las religiones indígenas como algo netamente primitivo, salvaje y en cierta medida ignorante.

Pero el peor bulto lo llevaban los ateos,  ser ateo, era harina de otro costal, la misma palabra se podría clasificar como una ofensa;  si yo quisiera insultar al vecino que me había robado la manguera del jardín bien podría gritarle “hijueputa maricon de mierda, ateo sin mama” o si quisiera llevar la ofensa a su máxima expresión simplemente podría gritarle “ateo comunista y masón”

Curiosamente de aquel ideario aún queda mucho en la actualidad (cierto candidato presidencial preguntó a su selecta audiencia si dejaría que un ateo manejara la salud y la educación de sus hijos)  es gracioso en mi caso particular,  cuando hablo con alguna vieja amistad o con alguna nuevo conocido, y por cosas del destino se toca el tema, me respondan con frases como:

“lastima, para que le sirve la inteligencia si es ateo” o “quien pensaría que ud iba a terminar tan equivocado” o  “ud no entiende el daño que hace y se está haciendo” o “ojala mi Dios no lo haga a la fuerza cambiar de opinión”  algunos con mentalidad más abierta me contestan “yo sé que ud dice que es ateo pero  sé que en el fondo  cree en Dios” o “yo sé que ud cree en algún ser o fuerza suprema,  tiene que creer”



Están tan enfrascados en su creencia que simplemente les resulta inconcebible que existan personas que no compartan su cosmovisión y para las cuales la idea de una deidad resulta innecesaria.

Con el paso de los años la religión católica ya sin su aval estatal empezó a mostrar su lado flaco, enquistada en ritualismo incomprensibles para la mayoría de sus creyentes, arrumando conceptos y tendencias anacrónicas y pensando que por el peso de la tradición su cansino discurso les mantendría sus fieles,  vio perpleja como un grueso de su personal se disipaba en diferentes cultos.   La iglesia católica parece que repite la misma situación que presentó su antecesora la religión romana en el siglo I, cuando incapaz de llenar el vacío espiritual y las ansias de respuestas de la población, terminó sucumbiendo al fenómeno del cristianismo,  hoy dos mil años después la bien llamada por Vallejo,  puta de babilonia,  empieza a disgregarse en confusos cultos y sectas que poco a poco van socavando sus principios.

Para entender mejor esto miremos un poco las estadísticas.

Actualmente la religión predominante en el mundo con un 31% de la población mundial es el cristianismo  sumando  aproximadamente unos 2 mil doscientos millones de fieles,  eso parecería algo alentador para nuestros amigos creyentes…pero tiene un gran problema,  esta  es la sumatoria de  las distintas variables cristianas y es aquí donde su aparente fortaleza ya no lo es, porque exceptuando su inusual alianza contra el homosexualismo, cada culto cristiano no es que tolere mucho al otro;  entre estos grupos el que es mayoritario es el católico con un 50%  del personal,  y el 50% restante se distribuye entre los católicos ortodoxos, los protestantes, los anglicanos, pentecostales, restauradores, testigos de Jehova, mormones y otros cientos de denominaciones más.
La que le sigue en número es el islam, con un  23% de la población mundial y cerca de mil setecientos millones de seguidores, y se podría decir que  es la que lleva la batuta en el mundo, pues a diferencia de la primera corriente, esta tiende a ser unificada (tal vez no son muy tolerantes con quien se venga con herejías)  de modo que si la comparamos con la cohesionada católica que representa el 16 % de la población mundial, esta no tiene mucho que hacer frente a un 23% muy convencido en Alá y Mahoma (por algo dicen que en un futuro no muy lejano este será el credo dominante en el mundo…para morirse de la risa…o del susto)



Le siguen el hinduismo con un 16% de la población mundial, el budismo con un 7 %, los cultos chinos con un 6% y cultos minoritarios con un 1% , curiosamente al 17% de la población mundial le interesa un pepino dios, pues o bien son agnósticos o ateos (superando al catolicismo)
Por lo tanto todos los que creen y aseguran que el alter ego del dios bíblico, Jesucristo,  está gobernado el mundo, pues con pesar se le tiene que informar que al 69 % de los humanos en la tierra les interesa un pepino quien es Jesucristo y muy probablemente nos miren con algo de diversión.
Cabe resaltar que tanto el cristianismo como el islam beben de los mismos orígenes abrahámicos, (a efectos prácticos tanto el  fanático católico como el radical de isis rinden tributo al mismo dios) el 51% de la población mundial cree que Yahvé es real.

Por el lado de Colombia las cosas varían un poco, en la década de los 60 el 99% de los colombianos se consideraba católicos, cuatro décadas después bajó al 70% los 30 restantes están distribuidos entre protestantes con un 17%, ateos y agnósticos con un 6 %, 4% dicen creer en dios pero no practicar ninguna religión, 2% quedan entre adventistas y testigos de jehová y un 1% pertenecen  a otros cultos.

Con el catolicismo las estadísticas a mi parecer están infladas,  pues estas se toman de los distintos registros que se hacen de sus sacramentos y principalmente del bautismo y en segunda medida de la confirmación,  si tomamos en cuenta que el grueso de personas que actualmente hacen parte de las iglesias cristianas o evangélicas nacieron antes del 91,  bien podríamos pensar que ese 70% puede bajar a un 50% (lo cual se evidencia en las fiestas religiosas de semana santa, uno por más que intenta no ve a esos millones de colombianos en los templos, aunque si se ven en las playas y carreteras…por lo visto algo está fallando) ya que  el bautizo,  la primera comunión y confirmación aún se consideran más como una formalidad social o costumbre propia de nuestra cultura que como un verdadero acto de compromiso religioso. 

La fuerza que han tomado estos cultos fácilmente se ha notado en su relevancia en aspectos políticos  tales como el referendo del plebiscito o las marchas contra la “ideología de género”.  Bien se puede decir que tal vez el 80% de los cristianos evangélicos aun reposan como católicos comprometidos en las actas bautismales de las distintas parroquias, y por supuesto los ateos,  pues aunque existe el método legal para “renunciar” a dicho culto, me imagino que debe ser algo engorroso y según algunos comentarios, poco efectivo, pues según voces de algunos representantes eclesiales “nuestro Señor Jesucristo y la madre iglesia siempre nos mantendrán en su corazón”  en definitiva parece que la única opción practica y efectiva es la excomunión.

Estando el panorama así ¿qué ocurre con la dinámica de estos movimientos?

Indiscutiblemente algo está pasando en el interior de los grupos religiosos, algo que nace de las necesidades de sus fieles y como todas las distintas sectas por obligación se desprenden del catolicismo profundicemos algo acerca de los fenómenos presentes en el.

Para empezar hay que recalcar que ninguna religión ha logrado demostrar que es la poseedora de la verdad y que su concepto de dios es el verdadero, al día de hoy cerca de 5000 mil religiones se disputan el título de ser la correcta,  ninguna tiene como sustentarlo, posiblemente ninguna este en lo cierto y estemos  ante el fraude más colosal de la historia.

En el caso del cristianismo que es el que directamente nos afecta en nuestra región, hoy gracias al internet y la masificación de los medios es posible adentrarse en las profundidades tanto de la doctrina como tal como de lo que el fiel entiende de su fe.

Gran parte del éxito del cristianismo radica en que ha instaurado una serie de “verdades” o “necesidades” que al ser tomadas como ciertas en mayor o menor medida tienen que recurrir a sus distintas variables y dogmas para ser sostenibles y por ende indispensables en la sociedad o en el individuo.

El cristianismo no es muy novedoso,  se nutre y se erige sobre múltiples corrientes  paganas y gran parte de lo que hoy se da por sentado y justo hace unos siglos era la más pura herejía. 
Tiene una predilección un tanto mórbida por el sacrificio y el sufrimiento,   hace uso de la culpa para generar dependencia, su dios en su versión primitiva es una deidad guerrera tribal de la edad de hierro de un pueblo semi nómada,  como todos los dioses de su época, sediento de sangre y excéntrico, sobre el cual un pueblo de tendencias jurídicas instauró un complicado andamiaje de normas y restricciones sobre las cuales se supondría se fundamentaría la moral de sus seguidores, por la naturaleza propia de su culto y por la amalgama de culturas como la helénica, la egipcia y algunas corrientes del lejano oriente, todo terminó en un cuerpo legal insufrible al que denominaron “la ley” que luego se tornaría sagrado para finalmente entrar en su versión resumida como la Torá,  luego pentateuco y por último la biblia.

Aquel  dios en su versión evoluciona fue Jesucristo, un dios funerario menor que por una serie de casualidades en términos de coyuntura política y geográfica terminó convirtiéndose en el dios mayor,  y que actualmente en sus variopintas versiones es el más adorado por los humanos de este planeta.
El gran problema del cristianismo es que se fundamenta sobre la biblia, y está, lejos de ser un libro “divino y perfecto” solo es un incompleto, plagiado, remendado, sesgado, infantil, bonito y poco ético compendio de la historia que un pueblo necesitó para darle forma a su identidad como nación;   considerar como cierto aquello que allí se narra allí es igual a  considerar cierto lo que aparece en cartoon network.



Ahí empiezan los problemas con el culto cristiano, que utilizan como fuente primaria para justificar su veracidad un texto a todas luces defectuoso, al menos en el caso de tratar de dar valides a sus creencias.

Cuando un cristiano pretende justificar, ya no  la veracidad de su libro sagrado sino  la veracidad de la existencia de una deidad (que luego en jugadas casi mágicas amoldan al dios bíblico) caen en los argumentos que unos monjes que  hace más de 700 y 900 años postularon, y que para su época eran muy convincentes, pero que  hoy  solo dejan absurdos.  Las grandes defensas de los cristianos se resumen en las cinco vías de santo tomas y el argumento ontológico,  tratando encajarlas al día de hoy entre conceptos cuánticos y de cosmología.   El famoso argumento cosmológico,  que debatido con sinceridad deja un amargo sabor a paradojas en la boca y  que al querer ser  justificado lleva a una tendencia matemática al absurdo.   Luego vienen los argumentos del ajuste fino, en los cuales toman conceptos y hallazgos científicos y los amoldan a sus necesidades  siendo la mayoría de ellos interpretaciones amañadas de ciertos fenómenos que dan la falsa sensación de ser reales,  triquiñuelas de creacionistas, y por último y saltándose tomos de historia y antropología el argumento de los valores objetivos… todos estos se resumen en el dios de los huecos y la respuesta del niño de escuela  “las cosas deben ser así porque así es como a mí me gusta”



Pero indistintamente de que tan debatible sean los fundamentos sobre los cuales se erige esta doctrina, una de las cualidades del cristiano es su abnegación a aceptar lo que no ve, lo que no entiende, o lo que entiende pero se niega a aceptar,  so excusa de una recompensa no garantizada en un lugar en el mas allá,  la fe, una deformación de un instinto de supervivencia,  un defecto exaltado a virtud.

Todo cristiano que se respete, por fe tiene que aceptar los dogmas de su culto.  Una peligrosa e increíble muestra de subordinación mental, de manipulación.

Y es aquí donde retomamos de nuevo al católico común y silvestre.  Pues hay una gran diferencia entre el parroquiano de a pie y el docto sacerdote en el vaticano,    los dos hablan un mismo idioma pero entienden cosas diferentes.

Una de las cualidades que tiene la iglesia católica y que la coloca en un muy notorio puesto  de superioridad frente a todas las demás iglesias protestantes, es que ella está diseñada sobre mil novecientos años de estudio, de ajuste, de prueba y ensayo, su cuerpo teológico es profundamente fuerte, su cosmogonía es absolutamente sólida, a tal punto que le ha permitido, así sea lentamente,  adaptarse a los cambios que la civilización le va planteando,  es por ello que en resumidas cuentas un creyente evangélico o protestante no es más que un católico confundido.  Pero esta misma fortaleza es a su vez su debilidad, la complejidad de su naturaleza la hace impenetrable al fiel  común y corriente,  el que está alejado de las disgregaciones filosóficas y teológicas,  el que solo busca algo para creer (una necesidad inherente del humano),  y nunca como hoy la iglesia católica ha demostrado su debilidad para lograrlo, la incompetencia de sus sacerdotes para llegar a la población  le ha costado ese 30% de seguidores en cuatro décadas,  y posiblemente el daño sea mucho mayor,  una de las características del católico es que desconoce en lo que cree,  el católico promedio nunca leerá la biblia completa pues pensará que terminará loco, pero si pondrá un atril en su casa con un bello libro dorado abierto en el salmo con mayor marketing,  un católico promedio no cumplirá un 80% de las normas que su religión le exige, bien sea porque las desconoce o bien sea porque a su parecer esas son absurdas;  cada católico promedio amolda su fe a sus necesidades, como dicen jocosamente, el que peca y reza empata,   tal vez hace unos años esto era parte de la “laxitud” que la iglesia se podría permitir, pero hoy en día, ha comprendido que esa indulgencia le ha salido cara, ante la desbandada de fieles comprendió que era necesario reforzar sus normar, comprometer sus feligreses,  mostrarles la importancia de ser verdaderos católicos, no católicos tibios como solía decirlo un cura en el sermón.

Pero aun así es normal ver a católicos creyentes en brujería, es más,  es algo usual que un católico crea en este tipo de cosas y más supersticiones  y que en el mayor de los casos las ponga en práctica,  y lo más gracioso es que esto mismo en ocasiones sea auspiciado por los mismos sacerdotes,  dejando ver  la ambigüedad de su doctrina.

Es frecuente ver a católicos vivir en unión libre, utilizar métodos anticonceptivos,  abortar cuando las condiciones lo obligan pero al final ser fieles creyentes porque “Dios ve nuestro corazón” una muestra más de la debilidad de su compromiso.

Es frecuente ver católicos o mejor no verlos en los ritos y ceremonias a los cuales están obligados y en el peor de los casos hacer caso omiso de la autoridad eclesial.



Cierto sacerdote comento  una vez si ante estas situaciones, a este tipo de personas se les podría considerar católicos,  y tiene razón, si yo digo pertenecer a una institución y no cumplo con sus normas, podría decir que no estoy en ella,    Y es en este punto, en estas fallas y debilidades de la encorvada y milenaria iglesia en donde las distintas variantes evangélicas entran en juego. 

Alguna vez leí que todas estas iglesias podrían ser llamadas las iglesias de la desesperación,  no es usual que alguien llegue a ellas por iniciativa propia,  usualmente siempre hay un detonante que  impulsa a la persona a buscar sosiego en sus brazos,  y todas ellas están diseñadas para vender esperanza,  si hay algo que caracteriza estas sectas es su teología insípida, su filosofía infantil,   su argumentación deprimente, no  necesitan esforzarse mucho en ser coherentes,  por ello utilizan en su gran mayoría al literalismo bíblico (que como vimos tiene muchos problemas)  y una serie de jugarretas de manipulación mental, que le permitirán por un lado mantener atados a sus feligreses y por otro obnubilar y vender esperanza y felicidad en adecuadas dosis.  Es por esto que pareciera que para ser parte de estos grupos se tuviese que vender algo de raciocinio, se tenga que dejar a un lado la visión crítica y simplemente dejarse llevar por la música y la palabrería.  Algo que he notado en todos los integrantes de estos grupos es que han aceptado con gusto cierto tipo de idiotizacion,   desechar verdades y conocimientos evidentes para entregarse a una promesa nunca garantizada, un peligroso y arriesgado negocio.

Curiosamente la iglesia madre, como medio para retomar lo que ha perdido a decidido utilizar las mismas prácticas que sus renegadas hijas  para llegar a esa masa indecisa y de voluble carácter  y por otro lado radicalizar sus preceptos y doctrinas en grupos que han decidido no ser  “tibios”,  pululan por todos lados los redentorisas, carismáticos y más movimientos eclesiales laicos.



Todo esto en pos del mercado,  a esto podemos resumirlo todo,   a cada una de estas instituciones poco le importa la “salvación” de sus integrantes, al final de cuentas y según su misma doctrina, será su dios, y la relación entre él, el fiel y sus obras lo que definirá el hipotético futuro en el mas allá.  En el mas acá lo que importa es el dinero,   cada fiel  es una fuente de ingreso que varía en su capacidad dependiendo del grado de compromiso,  un católico tibio difícilmente de una limosna, ya que poco va a misa y si va no dará mucho, no hará uso de los sacramentos ni actividades que implícitamente llevan un valor agregado,  un  cristiano o evangélico mal adiestrado es un 10% de sus ingresos que dejan de recibir como mínimo en la congregación,  cada fiel en cualquier variante es un pequeño pero eficiente generador de dinero con capacidad de atraer más, y aparte de eso, con “voz y voto” fácilmente influenciable por su cura o pastor. 



De allí la cruzada y el odio hacia los no creyentes,  un católico no verá tan mal a un evangélico y viceversa porque de una u otra forma ambos están en el mismo negocio.   Un ateo aparte de ser un individuo no generador de ingresos puede ser y lo es en la mayoría de las veces un agente que por su misma naturaleza atenta contra el principio básico de su institución,  el problema con los ateos no es que se condenen, eso es lo de menos, el problema con ellos es su influencia nociva alrededor,  no hay cosa que socave mas la fe en cualquiera de sus acepciones que el escepticismo y la duda,  todo no creyente, todo agnóstico o ateo declarado es un agente de la duda,  es un desestabilizador institucional,   de allí la degradación de su naturaleza, de allí que en algunos lugares sea considerado un delito, de allí que en algunos países, los más radicales religiosamente,  sea una falta que se paga con la muerte.

Un ateo es el espejo en el cual la religión ve su marchita figura,  un ateo es el espejo en el cual el creyente ve la debilidad de su fe. Los odian y en ocasiones les temen porque muchos prefieren una feliz mentira a una triste verdad.

¿Se puede vivir sin dios?  ¿Se puede vivir sin religión?  La respuesta es sí,  ¿es fácil hacerlo? La respuesta es no,  aceptar nuestra naturaleza animal, ser conscientes de nuestra limitación existencial es una carga difícil de llevar,  la vía fácil es aceptar una promesa  de algo intangible solo evidenciable en un marco desde el cual es imposible hacer reclamo.  Es una peligrosa apuesta, algunos la exponen como la apuesta de Pascal, donde  artificiosamente  pretenden hacerla ver como la de mayores posibilidades, pero en realidad la acción de creer es semejante a una maquina tragamonedas,  inherentemente está diseñada para vaciar los bolsillos del jugador.

El premio gordo  de la fe, la razón de la promesa es la permanencia como individuo, como unidad y como conciencia,  seguir siendo yo  en un lugar más allá de la muerte.  Eso es lo único que nos interesa, esa es nuestra gran preocupación, esa es la pregunta del para dónde vamos. Los creyentes afirmar que creer es lo mejor, pues de existir un mas allá asegurarían su premio  por su fe, si no existe un mas allá pues no habrían perdido nada, es una apuesta casi asegurada,  pero la realidad es otra.  El no creyente si no hay más allá no pierde nada, pues daba por hecho esto, se ahorró el  tiempo dedicado (y dinero) a perseverar en este fin,  si hay algo gana, gana la permanencia de su ser como individuo, y entra en el mismo nivel del creyente,  se expone a la misma hipotética realidad, recordemos que no hay un dios dominante en el mundo, entre más radical el culto este dios se torna mas excluyente y el número de “elegidos” disminuye,  si el creyente muere y renace en el cielo equivocado no tendrá que envidiarle mucho a la suerte del ateo.  Pero si este dios es como muchos afirman  de amor y justicia, tanto el  creyente equivocado  como el ateo tendrán la posibilidad de salvar su pellejo con sus antecedentes.  Si muero y voy ante Osiris, a él no le importara si fui ateo o católico, solo le importara el peso de mi corazón.  Como se ve, no creer me da ventaja en el mas allá,  pues juego con un comodín en la baraja  ¿a que dios le apuesta su esperanza post mortem amigo cristiano? Recuerde que hay más de 10 mil dioses disputándose su puesto en el mundo (curiosamente la misma corriente bíblica en esencia no es  monoteísta,  es  una monolatría, si se es riguroso con la lectura de las escrituras) la única diferencia entre un cristiano y un ateo, es que este último creen en un dios menos que el primero.

¿Y que utilidad tiene el no ser creyente? ¿Qué beneficio le trae a la sociedad un individuo incrédulo?
En este punto es donde suelen aparecer los iracundos creyentes en su mayoría cristianos exponiendo todas las obras y acciones, que en efecto si existen, en donde propende a buscar un mundo mejor.  Pero estas por un lado,  salen del poder propio que en determinado momento ha gozado cierto culto,  es su retribución al sistema por su predilección, y por otro lado  nace del sentido más básico del humano, ayudar a su congénere, para ello no se necesita de culto, ni templo, ni dogma, ni dios,  el ser humano por naturaleza es sociable y busca el bien común,  una persona puede ser buena o mala indistintamente de su fe. 

No se le puede negar a la sociedad y a sus individuos la necesidad de expresar su aspecto “espiritual”  el problema hoy radica en que este reposa sobre corrientes y dogmas inútiles o dañinas,  como lo son el cristianismo o el islam,  la fracturación de la iglesia católica y el auge de las sectas cristianas son clara muestra de que la humanidad  está cursando por un momento histórico  en el cual  urge de soluciones a problemas éticos y trascendentales que requieren pronta respuesta.  El catolicismo fracasó en su deber de estar a la altura de la civilización,  las sectas son una vía de escape rápido y fácil para los más desesperados, pero sin lugar a dudas como solución  básica son insostenibles, es probable que en dos o tres generaciones todo este tipo de cultos hayan decaído dado el mismo peso de sus mentiras y una nueva visión religiosa de la realidad los reemplace (como ha ocurrido varias veces) la misma dinámica social e histórica lo exige, es probable que en estos mismos momentos se esté fraguando una mejor religión junto con su mesías  ad portas del proceso de heroización.



Mientras, la función del no creyente es encarar  y desvelar la gran farsa bajo la que se esconden todas estas corrientes religiosas.

Es hora que todos entiendan que indistintamente de la concepción de  deidad que se tenga hay un factor corruptor  de ese impulso  de  introspección y humanismo en la sociedad.  

Ahora  cobarde y paradójicamente  lo llaman persecución religiosa, pero  unas instituciones que se fundamentan en un discurso de ética y moral  y cuya función en teoría es lograr la armonía entre el individuo y su creador sea cual sea,  cada día caen en lo más vulgar y despreciable de las conductas sociales

Todos los días se destapa un caso  de abuso de menores por parte de integrantes del clero católico.   por muy humanos  y por muy débiles y propensos a cometer errores que sean los curas, la iglesia como institución y muchos de los creyentes simplemente tratan de minimizar dichas acciones,  en algunos casos ocultarlas y en otras a invertir la culpabilidad. (Algunas estadísticas hablan que el 15% de la totalidad de sacerdotes en el mundo (más o menos 60 a 70 mil curas) han realizado algún acto de abuso sexual en menores y que cerca del 4% han sido abusos sexuales graves)

Todos los días se ve el auge del mercado de la fe,  la codicia en quienes promulgan la pobreza (exceptuando los seguidores de la doctrina de la prosperidad que abiertamente son estafadores) ,  cada día el catolicismo es más circo que pan,  ya es normal ver la expresión de asombro y desencanto de aquellos fieles que visitan el vaticano y  simplemente se limitan a expresar que todo allí es un lujo absurdo,  bueno, como en los viejos tiempos, el dios bíblico exigía un sitio acorde a sus ambiciones, por lo visto el vaticano solo es una muy contemporánea carpa del culto primitivo.


Es usual ver como cada día  sacerdotes y pastores charlatanes aprovechando la tendencia supersticiosa de la población, engañan y estafan a personas  con  prácticas propias de brujos de arrabal, y como en algunos casos estas actividades llevan a desenlaces fatales como ocurrió hace algunos días en mi ciudad cuando gracias a la acción de tres sacerdotes una enfermedad neurológica, so excusa de maleficio, terminó llevando a la muerte a una niña…  y la institución eclesial callada, a ella no le importa las almas, solo que el rebaño este nutrido.

Es usual ver como los grupos cristianos evangélicos pululan por todos lados cegados literalmente  por carismáticos estafadores mal llamados pastores,  quienes hacen destilar de  estas manipulables personas el más puro odio, bajo pretextos bíblicos, haciendo uso de una falsa moral,  avivando el instinto intransigente y discriminatorio en un sociedad  con heridas profundas de guerra.

Es normal ver como hoy el discurso político es ahora un discurso religioso, donde no importan los proyectos o soluciones que se expongan sino simplemente quien este mas a favor de mis prejuicios y donde, al mejor estilo medieval, la defensa de la fe es lo que vale.

Es patético ver como el fanatismo y el dogmatismo religioso de muchos creyentes los lleva a derroteros seudocientíficos y en el peor de los casos anticientíficos evidenciando el grave problema de educación y cultura de la sociedad.


Por lo visto, y dadas las circunstancias actuales, el ser no creyente hoy más que una simple actitud  tiene que convertirse por física necesidad en una traba al nudo que día a día aprieta mas el cuello  del condenado a la horca. No  como muchos creen, incendiando templos o insultando curas,  la simple visión escéptica y crítica ante estos fenómenos es suficiente, dar paso a la posibilidad de que algún creyente en algún momento, honestamente y abierto a las posibilidades se pregunte ¿es correcto esto en lo que creo?


domingo, 30 de julio de 2017

Teresa y luis



Luis coronado vivía  con su hermana Teresa en una casa maltrecha al borde de una pendiente a la salida del pueblo.   Era (o es) una casa  de bahareque, anden  alto  para poder sentarse en él y ver pasar los días, una sala pequeña y limpia  con piso de cemento pisado, marrón y brillante, dos habitaciones alejadas de mi innata curiosidad infantil  y un solo corredor con piso de barro no mayor a tres metros, terminando en un rincón  oscuro y negro de hollín donde quedaba la cocina con su horno de leña.  Los baños a pocos pasos de allí hacían equilibrio al borde del barranco, como toda la casa.  Era una panorámica extraña: una labranza de café, cacao y plátanos,  con árboles inmensos dispersos, donde los pájaros y las cigarras hacían de las suyas.  Cuando era niño, vivía alguien más con ellos, otro hermano, creo que era el más joven, el más versátil  y si la memoria no me falla murió cuando yo  aún era un adolescente. ¿Cómo era su nombre?... Solo lo recuerdo alto…como todos los adultos a la mirada de un niño. 

Mi tía  me enviaba allí  a comprar las yucas que Luis cultivaba en aquella pendiente  o por hierbas para algún remedio o  a dejar algún tipo de presente cuando mi tío traía comida de más a la casa.  en ocasiones me mandaban  con la sopa que había sobrado del día o cosas por el estilo,  la mayoría de las veces me recibía Teresa, una mujer un poco mayor que mi tía, tal vez rondando los 60 o más años, de corta estatura, delgada pero de contextura fuerte, cubierta con vestidos de tela con bordados de flores, la mayoría de ellos de tonos oscuros, cabello negro largo, peinado a la mitad y recogido en una moña sencilla y unos pies planos y cuadrados, con un callo en el talón de varios centímetros de grosor, no recuerdo nunca haberla visto calzada.  Hablaba rápido y suave con un toque nasal, se alegraba al verme y me comentaba y preguntaba montones de cosas de la vida cotidiana que yo no sabía y que ella misma en un susurro se contestaba mientras me servía una taza de café negro y frío y un trozo de pan.  Caminaba por las calles del pueblo  hablando con cuanto paisano encontrara  y era la surtidora de escobas de monte para la casa, allí llegaba con las mejillas rojas y escurriendo gotas de sudor por la frente luego de una jornada de arrancar maleza en los potreros para formar una escoba de hierbas con la cual se barría la casa, dejando un aroma a monte, a montaña, algo exquisito. 

Pero hay dos situaciones particulares por las cuales recuerdo a esta mujer; la primera,  cuando ya me había graduado como médico  y en uno de aquellos arrebatos de altruismo y bondad compraba  mercado para llevarle.  En una de esas oportunidades, una tarde de sábado, llegué a su casa,  y entrando sin golpear, como era lo usual si la puerta estaba abierta,  pasé directo a la cocina donde la sorprendí preparando un caldo insulso para la cena. La saludé y le entregué el paquete sin mayor protocolo, ella sonrió, sacó cosa por cosa mientras decía para que le servirían  y las iba guardando en tarros y calderos,  luego para  mi sorpresa, tomó una olleta de la hornilla, sacó un vaso algo sucio del lavadero, lo limpió con su mano y con un trapo de dudosa higiene, sirvió en el algo de aguadepanela  (más agua que panela)  y de uno de aquellos calderos hizo aparecer  una bolsa con el único pan de 200 pesos que aún le quedaba, me lo pasó, y no me dio  opción de rechistar.  Fue un gesto de desinterés y humildad que me conmovió.   

La segunda situación por la cual la recuerdo fue cuando mi tía murió, ese sábado en la tarde  después de  llegar en el carro de la funeraria, depositamos el ataúd en la sala, había pocas personas; mis abuelos y dos vecinas: doña Rosalba y luz Dary,  la noticia aún no se había regado, por lo que no había curiosos y visitantes,  las flores las traía mi esposa que llegaría en unas horas de Neiva.  Y allí, en un atardecer como tantos, con el sol  a punto de caer sobre las montañas y el canto de unos pocos pájaros en los naranjos, apareció Teresa por la puerta, pequeña, con su cabellera cana, susurrando para sí como siempre,  se acercó al ataúd, vio a mi tía en él, soltó unas lágrimas mientras decía

“nos dejó mi amita, lástima que se fue mi amita”

y dejó un pequeño manojo de flores moradas que había recogido del camino, o de algún potrero lejano, como lo hacía con las frondosa escobas que años atrás llevaba,  esperó unos minutos mientras rezaba algo inentendible y salió.  Murió poco tiempo después, las causas y los pormenores no los supe, me enteré uno de los tantos fines de semana en los que visitaba a los abuelos en el pueblo.  Aún tengo pendiente llevarle un pequeño ramo de flores moradas a su tumba.



Luis  siempre fue sordo por virtud, hombre de caminar pausado, rasgos indígenas francos,  con una piel blanca percudida por el sol, tenía ojos pequeños y vivaces  y una sonrisa tatuada en el rostro, hablaba y hablaba aún más que su hermana, solo que este lo hacía a ritmo lento, era común verlo entrar por el portón de la casa, saludarme con un efusivo “hola hijo” y sentarse en uno de los taburetes de la cocina a charlar y charlar en compañía de un buen café.    Hombre trabajador  de manos callosas, entregado a la tierra, de pensamiento simple pero práctico.  Presenció el decaer de mis tíos, y aun en los últimos días se le veía entrar en la casa  o si no,  golpear estruendosamente la puerta para entregar una de las dos yucas que había cultivado con esmero. 


Cuando  la casa estuvo sola, yo en ocasiones llegaba un fin de semana y veía el patio pulcramente desyerbado, había sido Luis,  alcancé a pagar tres o  cuatro  veces su trabajo, pero luego se perdió, pregunté por él y me contaron que lo habían llevado al ancianato para que terminara sus  días en  tranquilidad y comodidad.  Semanas después mi abuela me comentaba que  ya no estaba allí, que no lo soportaban, el encierro había despertado esa parte rabiosa que estaba guardada en algún lado, de modo que no veía ningún problema en darle con un palo a las monjas que lo cuidaban o escupirle cualquier palabrota inentendible al personal del asilo, al final optaron por dejarlo libre, como siempre había querido estar.  

Los años le cobraron factura,  además de sordo se estaba quedando ciego,  no recuerdo si tenía los ojos claros per se  o  las cataratas le daban ese color.  Seguía yendo a su labranza a cultivar no sé qué, comía donde los vecinos o en ocasiones en el ancianato (cuando el mal genio que le evocaba el lugar se lo permitía) y dormía en su casa  al borde del barranco.    En ocasiones lo veía pasar frente a la casa o me lo encontraba en la calle,   en otros tiempos era él quien me saludaba alegre, ahora tenía que ser yo el que me le paraba en frente, para que detuviera su marcha y me reconociera, o le tocaba el hombro para que enfocara sus ojos blancos pequeños y vivaces.  Sonreía sinceramente y en su jerigonza inentendible solo lograba acertar un “hola hijo” y “Neiva” o “niño” yo a todo respondía que sí, suponiendo que preguntara por mi trabajo y mi hijo. Se despedía efusivamente de mano, y seguía su camino con paso pausado y tranquilo.   Murió un día del 2013, luego de rodar por la pendiente que tanto había querido,  lo encontraron al borde de la carretera malherido, fue llevado rápidamente al hospital del pueblo donde en una camilla dejó escapar su último aliento.  El mismo terruño que durante años le dio su sustento fue el mismo que tomó su vida a cambio.  ¿Cuantos años tendría?  ¿80?  Si no hubiese caído, posiblemente hubiese llegado a los 100.


martes, 18 de julio de 2017

Do the bartman, bart simpsons superestrella antes de "the luxo"






¿Cómo hubiese sido el mundo sin los Simpson?
Posiblemente un estercolero peor que el actual, donde la hipocresía y el puritanismo barato nos tendrían hasta el cogote.
Por fortuna la amarilla familia americana apareció a finales de los ochentas y literalmente conquistó al mundo en la década de los noventas.
En Colombia la serie se estrenó en el año 1992, la daban los sábados a las 4 de la tarde por la cadena uno, cortesía de la programadora Cinevision, y desde ese momento, verla era tan importante como ir a misa los domingos o asistir a clase de matemática el lunes.
No sé hasta qué punto sus no tan correctos política y socialmente contenidos  estimularon en mí  el hecho de tomar el mundo y todas sus situaciones con un ligero toque de humor negro y algún comentario acido, y por lo mismo, siento un poco de pena cuando veo a las nuevas generaciones crecer bajo unos Simpson completamente desfigurados, remedos del pasado, que solo se limitan a pasar chistes gringos flojos y situaciones fácilmente clasificables como pamplinadas,  y aun así muchos creen que ello es una sutil sátira contra la sociedad americana.


Y fue en esos primeros años de la década de los noventas,  cuando pocos meses después de su debut, nos agasajaron con su álbum musical “sing the blues” cuyo tema principal “do the bartman” me llegó a la mente hace unos días, cuando alguna neurona psicodélica disparó el recuerdo de esa melodía, que con placer escuchaba en mi habitación mientras el resto del mundo disfrutaba ritmos muy tropicales típicos de las fiestas de mitad de año.



Una muy buena canción; hip hop/funk netamente noventero con  gran influencia de Michael Jackson.
Una faceta musical que había olvidado de Bart… mucho antes que tocara la gloria con “The Luxo”




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